Los fantasmas del nacionalismo

En su cinematografía, Carlos Saura se aproximó a varios temas que configuran la sociedad española. Con Taxi, estrenada 1996, se aproxima a una de las enfermedades más diseminadas y letales que padecen varias sociedades: el  nacionalismo.

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Un grupo de taxistas, autodenominado “la familia”, se dedica a limpiar la ciudad de Madrid de negros, gente de “mierda”, homosexuales, transexuales,  migrantes y adictos. En sus patrullajes nocturnos, esta familia de “ciudadanos decentes” identifican a la gente de “mierda” para posteriormente pasar a la limpieza de las calles de Madrid y, por extensión, de una única España. Entre los miembros de este grupo de taxistas tenemos a Velasco, quien  tiene una hija, Paz, que ha decidido dejar de estudiar. Velasco, enfadado, la obliga a trabajar con él en el taxi: ella hace el servicio de día y él trabaja de noche. Es ahí que la hija, y nosotros con ella, descubriremos la mirada de Paz, la denuncia social que busca representar y compartir Saura. Mientras que con Velasco, el padre y miembro de este grupo conservador, asistimos a la puesta en práctica del ideario racista de este grupo de personas, atendiendo de manera descarnada a la violencia que esta “familia” busca infundir sobre los otros.

“La familia” como denominación no es casualidad, sino que opera, en toda la película, como el elemento fundamental de la construcción de la sociedad. La tensión de la familia como institución se presenta en la relación madre e hija y, por supuesto, en la relación padre e hija. Pero la familia que nos ofrece Saura como el grupo que desencadena la serie de acciones que componen la película, no sólo es una familia sino una tribu, con códigos de uso interno, formas y mecanismos de relacionamiento, una estructura propia, donde cada miembro desempeña un rol establecido, garantizando la eficacia en sus conservadores menesteres patrióticos y nacionalistas.

El guión de Taxi, firmado por un habitual colaborador de Saura, Santiago Tabernero, además de este evidente maniqueísmo didáctico, por una necesidad de denuncia, nos presenta a Dani, hijo de una taxista y miembro de “la familia”, quien acaba de retornar del servicio militar y se enamora de Paz: precisamente a través de este personaje es que se construirá el dilema moral que enfrenta nuestra heroína. Enfrentarse al amor, siendo que éste abraza ideas fascistas, dejarlo o simplemente seguir con él a pesar de estar rodeado de delincuentes cuyos móviles son la superioridad racial y el nacionalismo.

La necesidad de una historia de amor hace que la película permita alivianar la brutalidad de los actos que cometen los taxistas, además de incorporar las posibles intrigas que se van sucediendo.

En esta cinta, quizás la que presenta más explícitamente contenido de denuncia social en la obra de Saura, el tratamiento visual va desde sus siempre largos y sugerentes planos secuencia, marcando su estilo, hasta la incorporación de vertiginosas escenas de acción que se alejan de los lentos y reflexivos planos con los que fundó su carrera. Además de crear las secuencias de acción más memorables del cine español del siglo pasado, Saura, en un afán de renovación, introduce en la banda sonora a Mano Negra.

La posibilidad de pensar el nacionalismo y el fascismo sigue siendo labor de cinematografías y autores, algo periféricos, pero que atienden a estos viejos fantasmas y herencias europeas.

SERGIO ZAPATA en: Fuente

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