Bahman Ghobadi escribe sobre “Nadie sabe nada de gatos persas”

A los ojos del Islam, la música (ghéna) es impura, porque produce alegría y gozo. Oír cantar a una mujer se considera pecado, por las emociones que despierta… En Irán, en los últimos treinta años, cierta música, y en concreto la música occidental, ha sido prácticamente prohibida por las autoridades, y se ha visto forzada a ocultarse en el subsuelo: ¡tiene que ser interpretada y oída en el subsuelo! Pero, aunque haya tenido que ocultarse, la música no ha desaparecido por completo. En todos estos años, muy pocos se han atrevido a reconocerlo. Todo esto me intrigaba y de ahí surgió la idea: el cine me dio el valor para hacer “Nadie sabe nada de gatos persas”.

Desde el momento en que me aventuré a llegar hasta el corazón de Teherán y bajar los oscuros peldaños que llevan a los sótanos en los que se interpreta esta música, descubrí un mundo extraño, diferente y fascinante, un mundo escondido de músicos rebeldes, a los que la mayoría de la población de la ciudad ni ve ni oye. Y cuando presencié su mundo, sus vidas, sus inquietudes artísticas, sus problemas con los vecinos, las detenciones de la policía, las palizas salvajes… y cuando les vi soportarlo simplemente porque cantan, tocan un instrumento y aman la música, me dije que había que hacer esta película. “Nadie sabe nada de gatos persas” es la primera descripción fidedigna de la realidad de esos jóvenes músicos.

En esta película he intentado reflejar el ritmo frenético y el dinamismo de la vida en Teherán. He querido mostrar la ciudad desde un ángulo distinto, y tanto la música como las letras de las canciones han influido en el ritmo de la película. Yo adoro la música. Si no me hubiera convertido en cineasta, habría sido músico o cantante. Puedo cantar kobeyi, ¡y mis amigos dicen que no tengo mala voz! De hecho, estoy grabando mi primer disco.

El título de la película tiene que ver con lo siguiente: no tenemos derecho a sacar de casa ni a perros ni a gatos. Sin embargo, en nuestras casas tenemos gatos a los que queremos mucho y, además, los gatos persas son muy caros. Yo los comparo con los jóvenes protagonistas de mi película, sin libertad y obligados a esconderse para tocar su música. ¡Y cuando he ido a las casas de los músicos, me he dado cuenta de que a los gatos les gusta estar delante de los amplis y escuchar!

(*): Bahman Ghobadi, de origen kurdo iraní, ex colaborador de Abbas Kiarostami y ganador de la Concha de Oro en San Sebastián por “Las tortugas también vuelan”, se sale de su tradicional trayectoria de un cine rural y poético para dirigir este semi-documental urbano sobre músicos underground en el teherán de las leyes islámicas, que este viernes se estrena en España.

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