González Iñárritu, el maestro latinoamericano de las tragedias paralelas

Los primeros años de González Iñárritu en el mundo de las comunicaciones no son lo que varios se imaginan; no se pasó cientos de horas frente a películas de Fellini o Hitchcock, ni tuvo su primera cámara a los ocho años con la cual realizó cortometrajes de cada familiar u objeto que se le presentaba. De hecho, él siempre creyó que lo suyo era la música, y que su sentido auditivo era mejor que el visual. A mediados de los ochenta fue la voz de un programa de radio sobre rock, y en pocos años se convirtió en el director de la estación. Sí, dirigir pues dirigió desde el comienzo.

Su hambre creativa lo empujó a estudiar teatro por algunos años, y de allí pasó a crear la productora Zeta Films, con la cual escribió, editó y produjo spots publicitarios y hasta algunos pilotos para la televisión. En 1995 se estrenó en televisión Detrás del dinero, su primer mediometraje, y en 1996 conoció a Guillermo Arriaga; juntos colaborarían en tres de las cuatro películas que González Iñárritu dirigió. Su primera colaboración, Amores perros, fue desarrollada a finales de los ’90s y estrenada en el 2000, convirtiéndose en una de las películas más populares y esenciales del nuevo cine latinoamericano.

Salto a la Fama

Esta primera película considerada como la Tiempos violentos latinoamericana por su estilo narrativo no lineal, fue a su vez revolucionaria y un clásico instantáneo. También fue un hito en las carreras del escritor Arriaga, el director de fotografía Rodrigo Prieto, el compositor Gustavo Santaolalla —éste último contaba con amplia experiencia como músico y productor pero con poca presencia en Hollywood—, y por supuesto, de un actor mexicano jovencito que se convertiría en estrella mundial, requerido incluso por el maestro Pedro Almodóvar: Gael García Bernal. También fue nominada a un Oscar y ganó más de cincuenta premios, incluidos los ALMA, Ariel, BAFTA, Cannes y Habana.

Entre el éxito, la exposición, la mirada de productores y estudios, y el apoyo de sus amigos Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro, Iñárritu eligió a Hollywood como destino para su segundo largometraje, 21 gramos (2003), y contó nada menos que con Sean Penn, Naomi Watts y Benicio Del Toro. Esta película oscura, con poca acción y mucho drama, repitió la fórmula del dúo Iñárritu-Arriaga sobre historias paralelas y trágicas, creándose una especie de sello creativo distintivo. Con muy buena recepción, consolidó a Iñárritu como uno de los directores latinoamericanos del momento.

Calidad vs. cantidad

González Iñárritu realizó sólo cuatro largometrajes en doce años. Y se nota, en cada uno de ellos, que el tiempo de maduración y desarrollo vino al dedillo. La dedicación a la historia —en su caso, las múltiples historias—, la edición, cuidado visual, trabajo con los actores y banda sonora, son todos elementos que brillan en sus películas. Luego de 21 gramos presentó Babel (2006): cuatro historias que suceden en México, los Estados Unidos, Marruecos y Japón. Iñárritu logró con esta película el premio a mejor director en Cannes, mejor película en los Globos de Oro y siete nominaciones a los Premios Oscar, aunque sólo ganó banda sonora (Gustavo Santaolalla).

Con Babel se terminó la colaboración Iñárritu-Arriaga luego de varias peleas sobre los créditos, que según Arriaga, debían ser compartidos y más balanceados, en vez de que la mayoría del crédito vaya a Iñárritu. Al fin y al cabo, es una pena que por una cuestión de reconocimiento y orgullo se hayan quedado ambos sin esa brillante colaboración. Ambos cayeron en los desencuentros y falta de comunicación de sus propios personajes, y los grandes perdedores fueron… los espectadores.

Iñárritu luego dirigió el segmento Anna para la película A cada uno su propio cine (2007), que incluyo cortos de 36 directores —entre ellos Manoel de Oliveira, Walter Salles, Roman Polanski,Raúl Ruiz, David Lynch, Wong Kar Wai, los hermanos Dardenne y los Coen—. El mexicano ya había participado de proyectos así en el pasado: Powder Keg (2001) fue parte de la serie de cortometrajes de directores famosos para BMW —Ang Lee, Guy Ritchie y otros—, y dirigió otro corto para 11 de septiembre (2002) —con trabajos de Wim Wenders, Ken Loach y otros.

En el 2010 llegó Biutiful, película dramática nominada a un Oscar —a este punto ya no hace falta aclarar que lo de Iñárritu son los dramas— con la actuación categórica de Javier Bardem, quien gano el premio a mejor actor en Cannes por este rol. Esta fue la ultima película que dirige, y la primera sin guión de Arriaga. ¿Se nota? Es muy difícil saberlo. Cualquier falla podría atribuirse a la historia o dirección en sí, más allá de que la colaboración hubiese continuado. Pero la realidad es que, a mi criterio, la película tiene elementos que se podían haber evitado, es la que me dejó más dudas, y la menos favorita de las cuatro. Sin embargo no deja de ser un trabajo sólido, bien característico de Iñárritu.

Los tres amigos

Desde sus primeros proyectos entablaron una gran amistad y colaboración artística; hasta estuvieron todos editando Amores perros. Ellos son Guillermo del Toro (Mimic, El laberinto del fauno), Alfonso Cuarón (Y tu mamá también, Niños del hombre), y por supuesto Alejandro González Iñárritu. Se llaman, se juntan, se critican.

Iñárritu y Del Toro aparecen, por ejemplo, en los agradecimientos de Y tu mamá también, Cuarón ha co-producido la super premiada El laberinto del fauno, y los tres han co-producido Rudo y Cursi (2008), de Carlos Cuarón. De hecho, el gran talento de los tres amigos mexicanos los ha llevado al éxito en Hollywood a tal punto que los tres fueron nominados a varios Oscars en el 2007, siendo Niños de hombre (2006), de Cuarón, la única que se quedó con las manos vacías.

La mirada oscura y las historias paralelas

Si tuviésemos que describir en pocas palabras al cine de Iñárritu, podríamos decir “historias paralelas, coincidentales, oscuras, deprimentes, con accidentes, tragedia, desencuentros y estética realista”. Visto de otra forma, el lado feo de la vida, tal como es. Mejor una comedia, ¿no? Entonces, ¿por que será que su cine es tan fascinante y atrapante?

Una de las respuestas es que todo lo que hace lo hace bien. Mencionaba antes el cuidado de lo estético, el ambiente logrado por la música, las historias paralelas que originalmente conectan, y los personajes bien desarrollados que requieren actuaciones formidables, todo hace que sus películas sean una experiencia de entretenimiento placentero.

Y aquí nace una paradoja: lo que también atrapa es justamente lo opuesto, el sufrimiento y la miseria humana. Será que al ver estas historias encontramos que nuestras propias miserias no son tan graves, o será que al verlas intentamos hallar respuestas y soluciones. Mientras tanto el cine de Alejandro González Iñárritu es una muestra del mejor cine latinoamericano: más allá de su originalidad y estética, un gran estimulador de preguntas.
FUENTE

 

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