Crítica: Quemar después de Leer

Los hermanos Coen están de vuelta, tras su brutal No es país para viejos, para brindarnos un ejercicio de humor desenfrenado que da tumbos a un lado y a otro, pero que en ningún momento se sale del recorrido. Una prueba creativa más para unos directores, que a estas alturas del partido, han demostrado una y otra vez su solvencia en terrenos dispares, y con el plus añadido, de seguir aportando un estilo propio que los define como cineastas.

Quemar después de leer se construye como un thriller cómico con elementos del cine de espionaje. El dominio de los Coen en el medio es total, y ello se palpa en la cinta en cuestión. En ella se aprecia la habilidad de estos cineastas para adaptarse a los parámetros de géneros tan distintos como pueden ser el thriller, el drama, o el cine de espías. Hay secuencias que reproducen de una forma totalmente eficaz los esquemas genéricos anteriormente citados (hay planos que parecen sacados de un filme de Tony Scott), pero siempre con una línea subyacente de humor cínico, crítico e inteligente. Un tono cómico que salta a la luz en los primeros instantes de una historia que cuenta como Osborne Cox (John Malkovich), un ex agente de la CIA que está escribiendo sus memorias sobre su paso por la agencia, se mete de lleno en un espiral de desgracias. El problema surge cuando la secretaria de un abogado matrimonial pierde un CD con información confidencial de Cox en un gimnasio. Allí es encontrado por dos trabajadores, Linda Litzke (Francesc McDormand) y Chad Feldheimer (Brad Pitt), que intentarán chantajear a Cox por el material. A partir de ahí se agudizan los problemas para todos, y se producen una serie de encuentros y desencuentros entre los personajes que pueblan esta disparatada comedia.

En esta película, el humor negro de Fargo deja paso a un humor más apto y paródico, construido a partir de situaciones y diálogos hilarantes que lo aparentan más con El Gran Lebowsky o Crueldad Intolerable. Los Coen han escrito un guión sólido, coherente en todo momento e hilado a la perfección. De él se sustraen las mejores virtudes de la obra. Desde unos diálogos inspirados y ciertas situaciones brillantes,  hasta una creación de personajes perdurables, exagerados en su medida y en la realización de sus acciones, pero tan bien llevados  por los actores que los interpretan que la hipérbole queda diluida para el espectador. La película cuenta con un reparto estelar,  el cuál no desmerece su talento al trabajar en un alto nivel de exigencia en la interpretación de sus personajes. Destacando entre todos el portentoso papel de John Malkovich como un ex agente de la CIA maníaco, alcohólico e agresivo, o un George Clooney que interpreta a un agente federal obsesionado con el sexo y sus juegos. También a destacar unBrad Pitt en un registro al que nos tiene poco acostumbrados (un hortera amante del deporte, los Gatorade y el Ipod), o unaFrancesc McDormand que vuelve a demostrar su valía interpretativa.

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Quemar después de leer es mucho más que una comedia repleta de buenos momentos cómicos, y algunos grandes diálogos o situaciones desenfrenadas, es un filme que bajo su apariencia de parodia lanza dardos envenados hacía varios estamentos de la cultura y la sociedad norteamericana. El filme saca a relucir la obsesión paranoica- conspirativa que afecta, en un momento u otro, la vida de muchos americanos de cualquier raza, sexo, religión o case social. Es precisamente en esto último en donde los Coentambién inciden al presentarnos una fauna de personajes de diferentes estamentos sociales, pero con una inutilidad e inteligencia práctica que los asemeja entre ellos.  También carga contra el servicio de inteligencia norteamericano (CIA). Desnudando hasta llevar a la ridiculez su estructura, su modus operandi, y la frialdad ética de sus decisiones. Y por último sobre el “wellness”, y todo la cultura de la imagen y la obsesion por la salud que tanto preocupa al país norteamericano ( y ahora también a los españoles). Una crítica  al culto a la imagen y al cuerpo, que por defecto también salpica al mundo de la televisión. Esta crítica mordaz queda muy bien recogida en el personaje de Francesc McDormand, preocupada únicamente por aplicar la cirugía estética a su cuerpo, con la finalidad de que tanto su trabajo (en un gimnasio) como su vida amorosa cobren un nuevo aire, y al fin y al cabo, lo único que va a lograr es meterse en un lío de cuidado.   

Quemar después de leer es un filme divertido, delicioso, repleto de situaciones memorables que se sustentan por un guión engrasado hasta la última página, y por unas actuaciones a la altura de los actores que las ejecutan. Todo acompañado por la excelente partitura de Carter Burwell y con un humor más punzante de lo que a simple vista aparenta. Una vez más, Ethan Joello han vuelto a hacer, demostrando que son capaces de salir airosos ante cualquier terreno que se les ponga por delante.

 FUENTE: http://www.notasdecine.es/1084/criticas/critica-quemar-despues-de-leer/

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