ANÁLISIS: EL TIEMPO DEL LOBO

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Año de estreno:2003. País: Francia-Austria-Alemania.
Duración: 113 min. Género: Drama.

Temática: 

   “Las primeras imágenes de EL TIEMPO DEL LOBO parecen establecer una curiosa conexión con el final de Funny Games. En ellas, una familia austriaca de origen burgués, hija de esa Austria que ha situado en el poder al ultraderechista Heider, decide instalarse en su casa de verano para pasar las vacaciones. Al llegar a la finca se encuentran con que está ocupada. Los nuevos residentes no son los sádicos desalmados de Funny Games que introducían el mal en el interior de un contexto burgués hasta acabar provocando la desintegración de un entorno social, sino unos emigrantes, procedentes de algún lugar del mundo, los cuales se han convertido en unos “skaters” improvisados que prefieren ocupar las segundas residencias vacías que vivir a la intemperie. No obstante, el problema que Michael Haneke nos plantea desde las primeras imágenes de la película no es el de la integración de la inmigración en los países desarrollados, ni siquiera el de la difícil aceptación de la alteridad en una sociedad que se vanagloria de su multiculturalidad. Haneke dispara hacia otra dirección. En EL TIEMPO DEL LOBO, lo que le interesa es crear in media res, desde el primer momento del relato, las bases de un drama sobre la forma con que el mal, ese enemigo adormecido en el corazón de la sociedad burguesa, no sólo despierta de forma repentina sino que también genera los cimientos de un drama que convierte en desposeídos a los burgueses europeos de los milagros económicos, en simples seres errantes sin ningún lugar en el mundo donde poder asentar las bases de su propio mundo.

   Después de una breve discusión con el marido de Anna -Isabelle Huppert- los ocupantes de la mansión no dudan en disparar a bocajarro contra el esposo, mientras obligan a la mujer a abandonar la casa, a desprenderse de su riqueza y a vagar en un estado de caos, incertidumbre y pobreza por una tierra de nadie llamada Europa. El azar -y la necesidad- han hecho tambalear los cimientos de la institución familiar, han transgredido el orden burgués, han sentado el cimiento de una extraña revuelta y han condenado a los poderosos del presente a vagar por un futuro incierto en el que el continente europeo se ha convertido en un gran paisaje apocalíptico, en un autentico cementerio de la miseria, en un estercolero donde han ido a parar todos los residuos de la sociedad de consumo”.

Texto: Ángel Quintana, “El tiempo del lobo: visiones desde el apocalipsis”, en rev. Dirigido, junio 2004.

Fuente: Dossier del Cine Club Universitario/Aula de Cine. Centro de Cultura ContemporáneaVicerrectorado de Extensión Universitaria y DeporteUniversidad de Granada.
 

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Valoración:

   “Michael Haneke no es un cineasta difícil, sino un cineasta que incomoda. Sus películas no proponen ningún discurso posible sobre la felicidad. Su visión de Europa es la antítesis de cualquier forma de visión de carácter comunitario y la implicación que sus imágenes exigen al espectador se basa más en la racionalidad que en lo estrictamente emocional. Haneke no ha cesado de hablar de la naturaleza del mal, de estudiar de qué modo el mal es ese lobo terrible que, en opinión del filósofo Thomas Hobbes, constituye el peor enemigo del ser humano. El estudio sobre el mal ha tenido generalmente su principal epicentro en la reflexión sobre la violencia en la sociedad posmoderna. En la trilogía formada por El video de Benny, 72 fragmentos de una cronología del azar y Funny Games, el mal penetraba en el corazón de la sociedad, la violencia se encontraba alimentada por las múltiples formas perceptivas de la iconografía moderna y el azar acababa desintegrando los ejes de una determinada moral. Haneke observaba la penetración del mal en pequeños, y limitados, círculos de forma impecable. En La pianista, la propuesta de Haneke realizaba un discreto giro. Su objetivo no era tanto hablar del mal como un virus externo capaz de desmembrar un mundo, sino de observar la represión de una determinada sociedad austriaca, sus frustraciones y el modo como los mundos sórdidos están preferentemente escondidos bajo el reino de las apariencias.


   EL TIEMPO DEL LOBO es una película altamente incómoda, ya que en ella Haneke ha decidido mostrar cómo el mal no sólo actúa en pequeños grupos sino que puede actuar como un virus que se extiende hacia el exterior, contaminado como si de una neumonía atípica se tratara, todo el espacio natural. La Europa del bienestar aparece transformada en una Europa del caos, en la que la gente malvive en una diáspora perpetua. Las personas que se han beneficiado de los caprichos de la sociedad pequeño burguesa se ven convertidos en los nuevos desheredados. Anna junto con sus dos hijos parece una víctima de las invasiones bárbaras y observa como su supervivencia se ha convertido en una revisión de algunos de los preceptos propios del mundo medieval. La disentería, la guerra, el vagabundeo se han transformado en el virus que define esa nueva Europa de la barbarie. Una Europa en la que los seres humanos se reúnen en sectas, como esos 36 personajes a los que la película hace referencia llamados “los justos” y que intentan salvar la civilización de su colapso. 

   Haneke considera la puesta en escena como un elemento fundamental para transmitir visualmente algunas ideas en torno a ese mundo pesimista que no ha cesado de trazar de película en película. En EL TIEMPO DEL LOBO, el trabajo de puesta en escena está perfectamente condicionado a dos factores: la presencia del fuego y de la oscuridad. El fuego es la única luz posible que brilla en ese mundo desesperado, un mundo en el que las tinieblas no dejan de cubrir la faz de la tierra. Para crear una atmósfera deliberadamente apocalíptica, Haneke no ha necesitado grandes escenografías basadas en el reciclaje de materiales, ni insistir en la creación de una indumentaria bárbara. El director ha preferido llenar la pantalla de tinieblas, jugar con la oscuridad permanente propia de un mundo que se ha quedado sin la presencia de la electricidad. La negrura de las imágenes de EL TIEMPO DEL LOBOconfieren a la película un aire marcadamente enigmático, el director no deja que se vislumbre la auténtica dimensión del apocalipsis e impide que los rostros de los actores -entre ellos algunos monstruos de la interpretación como Patrice Chéreau, Olivier Gourmet o Béatrice Dalle- puedan lucir la expresividad propia de su oficio. Las tinieblas provocan que esta oscura película se articule permanentemente entre lo visto, lo no visto y lo entrevisto, creando una extravagante dialéctica de las imágenes. 

   En 1946, después del apocalipsis que asoló Europa en la segunda guerra mundial, cuando el mundo estaba sumido en una terrible realidad bárbara, Roberto Rossellini construyó, entre las ruinas de Berlín, la historia de Edmund, un niño condenado a errar por una ciudad de pesadilla que era incapaz de soportar la nueva realidad y que al final prefería lanzarse al vacío: Alemania, año cero. Al final de EL TIEMPO DEL LOBOvemos la imagen de un niño desnudo frente a una gran hoguera. No sabe si tirarse a las brasas o si aceptar la supervivencia en un futuro incierto. La imagen de este nuevoEdmund puede parecer una simple imagen de política ficción, pero es innegable que en este nuevo tiempo de las invasiones bárbaras, el apocalipsis mítico de Haneke quizás no esté tan lejos como suponíamos”. 

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FUENTE: http://culturacontemporaneaugr.wordpress.com/2013/11/18/el-tiempo-del-lobo/

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