Comentario sobre Häxan: La brujería a través de los tiempos

El cine no es sólo un simple instrumento de ocio o un pasatiempo divertido para cualquier noche de fin de semana. Y es que desde su nacimiento, como cualquier otro medio de comunicación, ya que no debemos olvidar esta función a pesar de que no esté considerado hoy día una plataforma de difusión periodística como tal, los films sirvieron para enseñar, para mostrar, y en la mayoría de ocasiones, para adoctrinar.

Me gusta el cine. Sobre todo las películas históricas, las de aventura, las de terror y cómo no, las románticas. Ahora en verano tengo más tiempo libre para disfrutar del séptimo arte, así que anoche comencé por ver una película que me ha encantado: Häxan, la brujería a través de los tiempos.

Siempre me ha llamado la atención el cine clásico y tengo mis cintas favoritas, como Viaje a la luna de Meliés, por ejemplo, aunque confieso que jamás había escuchado hablar del film de Benjamin Christensen hasta la semana pasada, cuando de casualidad leí el título de la película en una página de Internet.

Häxan o La brujería a través de los tiempos es una obra muda perteneciente a los inicios del género. Fue estrenada en 1922, aunque el rodaje fue realizado por Benjamin Christensen entre 1920 y 1921. No es difícil valorar la antigüedad del film sin ni siquiera saber la fecha o época concreta en la que fue rodada. Y es que las imágenes en blanco y negro, los filtros rojos o azules o la cámara fija la delatan. Siempre me ha fascinado ver esa evolución desde la prehistoria de un determinado campo hasta las últimas innovaciones. Es algo así como mágico. Y esto también pasa en el mundo del cine. No es comparable en inmensidad pero lo siguiente si puede ser una metáfora que lo explique. Igual que el documental de Cuarto Milenio: El Salto Infinito, versa sobre ese instante en el que el animal pasó a soñar, a pintar y a convertirse en hombre,  es curioso ver cómo en los comienzos del cine eran los personajes quienes deambulaban por la pantalla para emular el movimiento en vez de la cámara ser la perseguidora de dichas actitudes. La madurez de la técnica, la práctica ininterrupida, los éxitos y los fracasos hicieron que ese salto infinito que se produjo en el hombre, también se repita como un eco lejano en sus acciones y creaciones, como el cine, la escritura o la informática, por ejemplo.

Esta película, Häxan (o “La bruja” en castellano), es una auténtica investigación sobre la brujería en la historia alemana, aunque por desgracia, al ser la Inquisición una institución presente en toda la cristiandad, los testimonios que se reflejan en el film también fueron sucesos acaecidos en cualquier otra parte de Europa. Dividida en siete capítulos, la obra de Christensen comienza por explicar la Fe del ser humano desde sus inicios, centrándose en la creencia en Dios, en el Cielo y en la Tierra, y en el Demonio. Tras esta introducción en la que se explican los diferentes cambios hechos por el propio hombre a su filosofía y cosmogonía, Christensen se adentra en el mundo de la superstición medieval y la brujería para intentar comprender algunos de los episodios de torturas y asesinatos descubiertos durante su investigación.

La forma de presentar la información es a través de la imagen, por supuesto, pero también de introducciones escritas que explican las diferentes escenas. La banda sonora que acompaña a este clásico del cine mudo pone énfasis a los momentos más interesantes de este documental y ayuda al espectador a meterse en un mundo donde era muy fácil sucumbir ante la superstición y el miedo a lo desconocido. También se juega con el color, pues las escenas con filtro rojo dan sensación de calor, de fuego infernal, y las azuladas nos hacen sentir frío, tristeza.

No tengo palabras suficientes para describir las escenas costumbristas y macabras que ilustran la película. Aquelarres, mujeres entregándose al Diablo o besándoles el trasero a Satán; una vieja hechicera preparando en su casa una pócima con el dedo de un recién ahorcado o el ama de llaves de un sacerdote usando pócimas para conquistar a su amo. Puede que todos hayamos visto este tipo de escenas en la televisión o en nuestra imaginación a través de la literatura, pero creo que la visión del film de Benjamin Christensen puede ser la más auténtica por ser la más antigua. La menos contaminada. La únicamente basada en las imágenes que ilustraban los pliegos de cordel o los antiguos códices medievales que trataban el tema, que también aparecen en la película.

Una de las escenas muestra a una anciana hambrienta devorando un plato de comida. Jamás había visto describir tan bien el hambre, la insalubridad tantas veces presente en la Edad Media, o el temor que infunden muchas “viejas”, con todos mis respetos. Este temor es el que lleva a una mujer a denunciar a esa vieja del film por creer que había hechizado a su marido. La historia, basada en un documento real, nos muestra toda la crudeza del Tribunal del Santo Oficio. Esa vieja que al principio infunde temor se convierte en una esclava de nuestras tristeza y nuestra pena al verla despojada de sus ropajes, de su pelo incluso, de su dignidad, en definitiva, ante las torturas de la Inquisición. El primer plano que muestra la cara de la anciana ante el sufrimiento por las prácticas usadas por el clero para que confesara, hace honor a eso de que “una imagen vale más que mil palabras”.

Por todo ello, el documental de Benjamin Christensen no puede parecerme más completo. Acude a las fuentes de información y nos las muestra con todo lujo de detalles. Se adentra en las raíces más lejanas de la superstición y ficciona casos reales para mostrárselos al espectador. Enumera uno a uno los instrumentos y prácticas habituales de la Inquisición. Y viaja hasta “su actualidad” para intentar dar una hipótesis plausible a la brujería. Él dice que se trata de una enfermedad: la histeria. Pero poco importa el nombre, pues Christensen en 1922 ya dice que la crueldad hacia lo diferente, extraño, insólito y desconocido sigue campando a sus anchas por doquier. Las acusadas de brujería antes eran llevadas a la hoguera. Y en 1922 era encerradas en manicomios donde las propinaban en la mayoría de ocasiones un trato inhumano.

Sabemos que hoy, casi 90 años después de que se estrenara Häxan, siguen existiendo este tipo de escenas. Por fortuna, muchas son atribuidas a enfermedades como esquizofrenias, desequilibrios mentales o transtornos de personalidad que son debidamente tratadas por nuestros profesionales de la medicina. Aunque es justo decir que otros sucesos como personas que dicen estar endemoniadas, la existencia de exorcistas que siguen ejerciendo su trabajo, o la macabra realidad de que hay personas que asesinan asegurando que: “una voz se lo ordena”, hace que cuando entramos en contacto con esa incómoda realidad volvamos a imbuirnos de la superstición medieval, de la España más negra, del terrible pánico a lo ignoto.

POR: Lourdes Gómez Martín

FUENTE: http://periodismoymisterio.blogspot.com/2011/06/haxan-la-brujeria-traves-de-los-tiempos.html

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