Ari Folman habla sobre “El Congreso”

Este fin de semana llega simultáneamente a salas de Estados Unidos y España la nueva película del israelí Ari Folman, autor de “Vals con Bashir / Waltz with Bashir”, que adapta una famosa novela de ciencia-ficción escrita por Stanislaw Lem, “El congreso / The Congress”, que pese a estar escrita hace más de medio siglo habla de una realidad virtual que se perfila como más que posible en años venideros. Robin Wright es la protagonista de este film que -mezclando imagen real y animación- reflexiona sobre el futuro del cine.

Folman

– El proceso para adaptar la novela de culto de Stanislaw Lem le ha llevado muchos años. ¿Podría detellarnos como fue este esfuerzo?
La primera vez que leí la novela de Lem tenía 16 años, era un fan de la ciencia-ficción y me enamoré de la historia. La segunda vez fue mientras estudiaba en la Escuela de Cine y fue cuando decidí que quería hacer algo cinematográfico con el texto. Pero hasta que no me metí de lleno en la animación con “Vals con Bashir”, no me di cuenta de cómo podía adaptarla. Tardé un año entero en escribir el guion. Me alejaba a menudo del texto original, pero siempre acababa volviendo cuando me perdía. Creo que el espíritu de la novela ocupa un lugar importante en la película y está muy presente en la sección animada.

– Su guion lleva a cabo cambios bastante radicales sobre el original. El protagonista de la novela, Ijon Tichy, es un explorador y un científico. ¿Por qué decidió que su personaje principal sería una actriz de cine?
Creo que cuando se adapta un clásico al cine, hay que tener el suficiente valor como para ser libre y no dejarse atrapar por el texto original. Busqué una dimensión nueva, más actual, a la alegoría de la época comunista de la novela. Mientras escribía el guion, la dictadura química se fue transformando en el negocio del entretenimiento, y más concretamente en la industria cinematográfica controlada por los grandes estudios. A partir de ahí, el personaje de la actriz madura solo fue una cuestión de proceso.

– Y ahí aparece Robin Wright. ¿Por qué ella?
Siempre que pensaba en la película, veía la primera escena, en la que el agente de la actriz la pone verde. En el invierno de 2009, durante una presentación en Los Ángeles, conocí a Robin Wright. Estuve sentado frente a ella toda la noche. La imaginé en esa primer escena y el resultado era prefecto. El día siguiente le hablé del proyecto apoyándome en unas ilustraciones que había dibujado David Polonsky la noche anterior. Robin aceptó el papel inmediatamente y así empezó un viaje que duraría cuatro años.

– “El congreso / The Congress” ofrece una visión distópica de Hollywood y de las películas producidas por los grandes estudios. ¿Ese futuro lo ve posible? ¿Refleja la película su miedo?
Mientras buscaba una localización adecuada en Los Ángeles para filmar la escena del escaneado, me sorprendió enormemente descubrir una sala a ese efecto. Hace años que escanean a los actores, la tecnología ya existe. Los actores de carne y hueso ya no son realmente necesarios en esta época post-“Avatar”. Supongo que las finanzas decidirán si las nuevas películas se rodarán con actores escaneados o con una nueva generación de actores “construidos desde cero”. Pero soy optimista, y creo que los actores de carne y hueso ganarán la batalla. Espero que “El congreso” sirva de algún modo para que así sea.

– Fue Paul Eluard quien dijo “Hay otros mundos, pero están en este”. Su película habla de universos paralelos…
Creo que el mundo químico descrito en la novela de Stanislaw Lem y en la película es una fantasía, pero no por eso deja de representar uno de los miedos de los que viajamos con la imaginación y los sueños. Siempre he tenido la sensación de que todos en todas partes vivimos en universos paralelos; en uno, funcionamos en tiempo real, y el otro es el universo al que nos lleva la mente, donde no siempre tenemos el control. Combinarlos ambos para que formen uno es mi mayor reto como cineasta.

– “El congreso” está llena de referencias cinéfilas ¿Se trata de títulos clave que usó para guiarse o inspirarse mientras hacía la película?
La parte animada es un homenaje al trabajo de los fantásticos hermanos Fleischer en los años treinta. Está íntegramente dibujada a mano, se realizó en ocho países diferentes y fueron necesarios dos años y medio para crear 55 minutos de animación. Hasta ahora, ha sido mi misión más dura como director. El equipo principal, encabezado por el director de animación Yoni Goodman, trabajó 24 horas diarias siete días a la semana para asegurarse de que la animación procedente de otros estudios fuera consistente en cada escena. Durante el proceso, descubrimos que dormir es de mortales y animar es de locos. En otra parte de la película, intento homenajear a mi ídolo Stanley Kubrick en dos ocasiones, con una referencia a “¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú / Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb” y a “2001: Una odisea del espacio / 2001: A Space Odyssey”, que sigue siendo mi película de ciencia-ficción preferida.

– ¿Qué le gustaría que sacara el público de la película?
Ahí está lo maravilloso de hacer cine. Cuando el director termina la película, ya no está entre sus manos, sino entre las manos de los espectadores. Ahora solo me queda sentarme y escucharlos. Con un poco de suerte, quizá sepa lo que realmente he hecho.

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