ELISEO SUBIELA: “EL CINE ME SALVÓ DEL MANICOMIO”

eliseo subiela

Muchas películas, varias categorías. Entre la maraña de cintas que el Festival Internacional de Cine de Viña del Mar 2011 exhibió durante la pasada semana, destacaba la retrospectiva a la filmografía del director argentino Eliseo Subiela que incluyó los taquilleros (y memorables) “Hombre mirando al sudeste” (1986) y “El lado oscuro del corazón” (1992). Por eso lo invitamos a conversar. Y llegó una mañana, nada de divo. Más bien tímido. El fabricante de películas que hablan del amor y la muerte, tiene una actitud que recuerda a sus personajes. En Facebook, mientras hablábamos, un fan lo llamó “el más grande de todos los extraterrestres que se hacen pasar por argentino”. Y a él le encantó. “Quiero poner eso en mi tarjeta”, dijo.

El pequeño Godard.

Tenía 17 años, en 1963, cuando filmó su primer corto: “Un largo silencio”. 20 minutos de una historia que lo llevó a ganar en 1965 el Paoa en la tercera edición del Festival de Cine de Viña del Mar. Antes del cine, su pasión eran los aviones y entre medio… el amor. Y la locura.

Cuando uno lee tu biografía hay varias cosas que llaman la atención; una es que en tu casa había una cierta prohibición de “sentir emociones” para no molestar al padre. ¿Cómo se hace después de contener tanto las emociones? ¿Cómo fue esa época?
“Fueron mas de 20 años de psicoanálisis y terapia. Claro, algo así… deja huellas, te vas fabricando una coraza afectiva que es muy insana y puede traer consecuencias muy nocivas también. Pero bueno, yo creo que el cine fue parte de mi más importante terapia, nunca tuve problemas con las emociones en el cine”.

Algo de las pesadillas que tenías de pequeño también te pudieron servir. Tú dices que el cine es el único sueño que se tiene con los ojos abiertos. ¿Te fomentó también ese impulso creativo?
“Es posible, supongo que fomentó la huida de la realidad, un refugio donde escapar un poco de la realidad y eso fue el cine para mí”.

¿Ibas harto al cine?
“Iba mucho al cine pero tuve consciencia del bien incurable que había contraído recién en los 60’, cuando descubrí la nouvelle vague francesa y el cine polaco”.

¿Y quienes fueron tus maestros, los que te fueron dejando marcas por su forma de filmar y de contar historias?
“Básicamente las nouvelle vague, Godard sobre todo, y el cine polaco también”.

¿Por qué te gustaba particularmente?
“En el caso de Godard, creo que porque era un cine muy literario, como el cine de la novelle vague, y como fue o es un poco mi cine también. Me atraía también por la imagen, los textos, las palabras. A veces me da vergüenza cuando veo algunas películas de esa época mía, porque era muy ‘godariano’. Mi segundo corto (Sobre todas las estrellas), que se premió también en Viña del Mar en el 67, lo llamaban ‘Vivir su vidita’ en alusión a ‘Vivir su vida’ de Godard, se podía decir que era casi una copia”.

Hay coherencia en tus películas, una línea temática que atraviesa todas ellas. Tu máxima de hecho es: “el amor vence a la muerte” ¿Está presente en todas ellas y va a seguir en todas ellas crees tú?
“Supongo que sí. Yo siempre digo que uno hace una sola larga película, que cada película son escenas de esa gran película. Supongo que sí, hasta que se me ocurra hablar de otra cosa, pero no creo que hayan más temas en el planeta para hablar de él, todas son derivaciones de estos temas fundamentales”.

¿De qué se trataba “Un Largo silencio”, el corto que te trajo al Festival de Cine de Viña del Mar en 1965?
“Era un documental sobre un hospital neuropsiquiátrico, el mismo donde 20 años después filmaría ‘Hombre mirando al sudeste’, y el mismo donde 20 años más tarde volvería a filmar ‘Paisajes devorados’, película que acabo de terminar. Cada veinte años vuelvo a ese hospital”.

¿Y por qué?
“Te la dejo picando… jajaja”

¿Qué te pasa a tí con el paso del tiempo?
“En un momento me empezó a sacudir, a preocupar, pero ahora estoy muy bien con eso”.

¿Miedo a la muerte?
“No miedo, pero la cosa con el deterioro y el paso del tiempo. Ahora lo tengo como un capital el tiempo, un capital a favor”.

“Herir al corazón, es crearlo”

A los 12 años, Subiela se enamoró de Susana. La chica no le da bola, él le escribe intensas cartas de amor. Sensible y enamorado. Así fue. Y quien haya visto su cine puede comprobar que así sigue siendo. “El amor vence a la muerte” es su máxima romántico existencialista.

¿Tu primer amor, Susana, fue real o lo usan en tu biografía como para engordar la historias que uno quiere tener de sus ídolos?
“Me acuerdo muy bien de ella. Fue así. Y es más, tuve un reencuentro con ella hace unos años, también tuvimos una escena ella con su esposo y yo con mi esposa, esto fue ya hace unos cinco años, y bueno, para sintetizarte la historia, te diré que ella nunca se enteró de la importancia que había tenido en mi vida. Cuando yo le contaba, ella me decía ‘¡no lo puedo creer!’”.

Es que ella no te tomaba mucho en cuenta al parecer, ¿te rompió un poquito el corazón?
“Sí gracias a dios, eso permitió que escribiera cartas de amor. Como decía Antonio Porchia, ‘Herir al corazón, es crearlo’”.

¿Y eso te alimentaba la creatividad?
“Seguro, así ella quedó como una de las causantes de mi vocación”.

¿Tú pasaste de verdad por el manicomio, o también es parte del marketing?
“Nunca estuve internado, el cine me salvó del manicomio”.

Cuando compones una idea, ¿hay influencias de quien te pide que les cuentes historias o solamente está la idea creativa? ¿cómo compones la idea previa de una película?
“Supongo que hay una idea central, que va por debajo de todas mis películas, que tiene que ver con mis obsesiones, mis miedos, que son bastante universales y generales, por eso suelen sintonizar con el espectador. Y después hay una especie de antena. Todos los artistas son como una antena que recepcionan el inconsciente colectivo. Me parece que aparte de hablar de cosas que me obsesionan a mí, hablo de cosas que le importan y le pasan a la mayoría de la humanidad”.

Pero no todos los cineastas son tan existencialistas ¿no crees?
“No, para nada, cada uno tiene su visión”.

Y con respecto a la Argentina de hoy, ¿cómo recibe tu cine?
“Mmmm… bueno. hoy no estoy de moda. Está de moda otro tipo de cine, pero bueno, yo soy coherente y sigo en mi tipo de cine. Creo que en Argentina me conocen más a mí que a mis películas, por eso me divierte muchas veces cuando me saludan y les pregunto qué películas vieron mías y me responden que no han visto ni una o que han visto una de otro director. Yo soy más popular que mis películas, cosa que no sé si me gusta, pero bueno”.

¿Y cuándo se te ocurrió hacer la parte dos de “El lado oscuro del corazón”, revivir a este poeta bohemio que es Oliverio?
“Fue una producción que se le ocurrió a un productor argentino y que coincidió con algunas ganas que yo tenía. Yo me había distanciado bastante de Oliverio, porque me parecía un adolescente, pretencioso, inmaduro. Y tenía ganas de hacerle morder el polvo, como se dice”.

Hay una redención del personaje en la segunda parte de la cinta…
“Sí, claro, en la parte dos se enfrenta a la posibilidad de un amor verdadero que simbólicamente está representado por ese camino que ella propone, la trapecista”.

Pero la chiquilla es más joven
“Si, la mujer debe ser siempre más joven que el hombre, 20 años es lo ideal”.

¿Para una relación estable?
“Estable no, seguramente inestable, para estable están las esposas, pero me estoy metiendo en líos, mi esposa está alla atrás (se refiere a Mora Moglia, su mujer desde 1969 que lo acompaña siempre). Los árabes creo que dicen eso, bueno dicen muchas cosas. Pero bueno, 20 es la diferencia ideal”.

Pero realmente, en este caso, Oliverio se redime y cree en el amor, pero no se sabe más allá
“¿Me estás sugiriendo que haga “El lado oscuro del corazón 3”?”

Es que uno se queda ahí con cierto sentimiento… A Oliverio ya se le bajó el ego, ya no está tan guapo, se le cayó el pelo, pero claro… que le pase algo más
“Te prometo pensar la parte tres”.

¿Tuvo éxito la parte dos?
“No, porque de entrada el error estuvo en llamarla “El lado oscuro del corazón II”, pero no sé, nunca se sabe cuando una película es un éxito o no lo es”.

¿Cual va a ser la próxima historia que te gustaría contar?
“Tengo que decirte que la que ya filmé, se llama “Rehén de ilusiones”, que es, obviamente, una historia de amor, de un profesor escritor de cincuenta años con una ex alumna de 30 (otra vez en el tema del paso del tiempo), solo que esta vez la ex alumna tiene una especie de brote psicótico, y bueno… se le complica la vida al profesor. Esa es la que está filmada y otra que está en postproducción, un documental que filmé con una cámara de fotos, nuevamente en el hospital neurosiquiátrico”.

¿Por qué te gusta tanto ese lugar?
“No, no me gusta para nada, me atrae la locura. Y este es un falso documental sobre tres estudiantes de cine que investigan a un tipo que aparece en ese manicomio diciendo que fue director de cine en los 60 y la película tiene el valor agregado de que el protagonista es el legendario Fernando Birri. Ya lo estoy terminando. Y ahora me doy una vuelta por Valparaíso para ver si se me ocurre alguna idea”.

¿Te gusta Valparaíso?
“Me encanta esta ciudad, casi al mismo tono que Montevideo, tienen como cierta melancolía, el puerto”.

Estaría buena una historia de amor de Subiela en Valparaíso, obviamente una historia entre una mujer joven y un hombre mayor…
“Jajajaja”.

Fuente: http://www.ciudadinvisible.cl/2011/12/eliseo-subiela-%E2%80%9Cel-cine-me-salvo-del-manicomio%E2%80%9D/

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