“NO HAY MEJOR TRATAMIENTO QUE EL DE LA HYSTERIA.”

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Con una ristra de insatisfechas pacientes arranca esta inusual, refrescante y divertida comedia romántica que ofrece una interesante historia basada en la vida del doctor Mortimer Granville (Hugh Dancy), inventor del vibrador como método para tratar la histeria.

En el Londres victoriano de 1880, la histeria era una enfermedad que según los médicos de la época sufrían la mayor parte de mujeres pudientes. Por si algún lector lo desconoce la etimología de histeria proviene originariamente del griego, de la palabra útero. La creencia general era por tanto que la histeria era una enfermedad del útero, exclusiva de las mujeres. Los síntomas incluían ninfomanía, frigidez, melancolía, ansiedad y como el propio filme pone de manifiesto cualquier comportamiento que la sociedad no aprobase de las mujeres era definido como histeria. Pero no se alarmen, no es la típica cinta profeminista que enarbole la injusticia por bandera, es una comedia y su perspectiva cómica parte principalmente de las absurdas creencias de una sociedad tan reprimida como la victoriana siendo el mayor exponente el tratamiento de la enfermedad: la estimulación femenina, lo que viene siendo un dedo -si me disculpáis la expresión.

El Doctor Robert Dalrymple es un afamado especialista en tratar la histeria femenina y su consulta tiene tanto éxito entre las mujeres de la clase alta de Londres que el pobre doctor no tiene manos suficientes para hacer todo al trabajo. Así, contrata como asistente a Mortimer Glanville, un joven de clase media cansado de ver a sus pacientes morir por la obstinación del resto de practicantes a negarse a abrazar las últimas novedades que la ciencia ofrecía -como lavarse las manos para evitar gérmenes. El joven comienza a trabajar con tanto ahínco que el número de féminas que acuden a la consulta no para de crecer y Mortimer comienza a tener calambres en la mano con la que atiende a sus pacientes. Su incapacidad para aliviarlas le lleva a la invención del vibrador.

Lo cierto es que el guión no llega a aprovechar del todo las situaciones cómicas que se presentan, dejando apuntes graciosos que con un poco más de hilo podían haberse convertido en verdaderos momentos hilarantes. Desde la presentación de las pacientes, que acuden semanalmente a recibir su tratamiento, los guionistas Stephen Dyer y Jonah Lisa Dyer apuestan por los dobles sentidos jugando con el conocimiento del público para conseguir arrancar la sonrisa. Esa falta de chispa en el guión tiene su plasmación en la dirección que corre a cargo de Tanya Wexler. Aunque realiza una labor correcta tras la cámara, no consigue llegar a brillar, pero hay que reconocer que la película aporta frescura a un género que suele ser bastante maniqueo como es el de la comedia romántica.

En este sentido, Hysteria se centra en una suerte de triángulo amoroso entre el joven doctor Glanville, interpretado por una versión joven de Hugh Grant y las dos hijas del doctor Dalrymple, Charlotte y Emily. Felicity Jones interpreta a la hermana más joven, Emily, la mujer ideal con la que todo hombre de la época querría intimar: instruída en música y pintura, una excelente ama de casa y la más obediente de las hijas, una sosaína sin mucha gracia. El personaje más atractivo y fuerte de la película recae sobre la enérgica, Mary Gyllenhaal, cuya función es dar voz al creador detrás de la historia, sus opiniones son las opiniones que el filme quiere expresar. Charlotte es una mujer de carácter, pionera en ideas feministas que aboga por la entrada de las mujeres en la universidad y su derecho al voto femenino, sobra decir que es la única que ve los hilos con los que la sociedad victoriana trataba de reprimir a la mujer. Y aunque pueda parecer de entrada el típico personaje coñazo que da grandes discursos, nada más lejos de la realidad. En manos de Gyllenhaal, Charlotte es además de “la voz de la conciencia”, uno de los personajes más divertidos del filme consiguiendo que se agradezcan todas y cada una de sus apariciones en pantalla –Gyllenhaal sí consigue brillar.

Otros de sus puntos fuertes lo encontramos en la reconstrucción del Londres de la época, conseguido con un presupuesto bastante reducido gracias a la labor de Sophie Becher en diseño de producción y Nic Ede en diseño de vestuario. Al final, a pesar de las flaquezas del guión y la dirección, Hysteria resulta una película agradable de ver, una comedia romántica que sorprende , y que además es feminista sin recurrir a tediosas reflexiones morales ni a la victimización de la mujer.

Fuente: http://www.cinefagos.es/no-hay-mejor-tratamiento-que-el-de-la-hysteria/

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