La Sonámbula: SciFi argentino

Hoy voy a hablar de La Sonámbula: Recuerdos del futuro(1998), la ópera prima de Fernando Spiner. El nombre no resuena en nuestra lista mental de directores argentinos, pero hay una razón para ello. En un país donde el cine se destaca por retratar lo cotidiano, o el pasado histórico, este señor optó por hacer cine de género.

Hacia fines de los noventa, Spiner venía de trabajar como asistente de dirección y tenía una idea para una película. Una historia de ciencia ficción con toques fantásticos, ambientada en una apocalíptica Argentina de 2010. O eso es lo que salió luego de reunirse a escribirla con Ricardo Piglia y Fabián Bielinsky (q.e.p.d.).
 Terminado el guión, era momento de llevarlo lo más literalmente posible al celuloide. ¿Tuvo éxito? Sin dudas. Filmarla iba a ser una tarea difícil, no sólo por la recreación de ese mundo futurista sino también por algunos simbolismos que propone la historia. Para facilitar el entendimiento, el director se valió de recursos no muy frecuentados en nuestro cine, como la función narrativa de blanco/negro y color y el uso expresivo del montaje. Una narrativa poco común, a la que sumó tiros de cámara entre clásicos e inusuales, efectos visuales aceptables -dados el presupuesto y la época- y una fotografía y arte bastante entretenida.
Asimismo, el modelo de personaje que nos muestra La Sonámbula dista claramente del porteño habitual y nos encontramos con gente al mejor estilo cyberpunk: afectados cautivos de la ciudad, héroes y villanos con peinados estrafalarios, ropas a lo campo de concentración (Gastón Pauls) y marcas de coloración en la piel. La misma sonámbula (Sofía Viruboff) tampoco es una mujer corriente en ese mundo atípico, aunque su apariencia indique lo contrario.
Algunos diálogos pueden llegar a sonar algo tontos, cursis o graciosos, es cierto. Hay escenas enteras que son bastante ridículas, como la del centro médico en la ciudad (con aparatos a lo Brazil) o la del gaucho en el campo. Pero pienso que quizás esos vicios sean parte de la ironía que Spiner quiere transmitir contando un relato como éste, tan improbable en nuestra sociedad.
Sea como fuere, la originalidad es lo que cuenta y la historia puede gustarte o no, como a mí. Sin embargo, creo que lo que impera en La Sonámbula es que como en la película, logramos distinguir entre lo extraordinario y lo banal, entre la ciencia ficción y la narración conocida; y Spiner pareciera venir a mostrarnos justo eso: que hay un cine nacional diferente, un cine que existió y permanece escondido para aquellos que desean descubrirlo.
Fernando Spiner volvió a incursionar en la ciencia ficción en Adiós, querida luna (2004) y recientemente en el western con Aballay: el hombre sin miedo (2010), film que pronto estaré comentando.
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