Entrevista a Volker Schlöndorff: “He sentido mi pasado alemán como un peso terrible”

Volker Schlöndorff es uno de los grandes cineastas europeos. Ganador del Oscar por “El tambor de hojalata”, goza de un enorme y merecido prestigio. Le recibimos en Madrid con motivo del estreno de su película “Diplomacia”.

¿Cómo surgió el proyecto de rodar Diplomacia?

Contra mi voluntad… Yo ya no quería hacer películas de la II Guerra Mundial, pero me enviaron la obra de teatro de Cyril Gely y tuve la impresión de que la habían escrito para mí. París fue la primera ciudad que yo vi con 16 años, en 1955, que no estaba destruida. Estaba intacta. Y cuando leí la obra me dije “¿pero si estuve al borde de la catástrofe?”. Eso hubiera sido terrible para la humanidad, pero sobre todo para mí porque no hubiera ido nunca a París en 1955 y no sería ahora cineasta. Así que me dije “esta historia hay que contarla” y me sentí llamado a hacerlo.

Además estaban los dos actores que han interpretado la película. Conocía a André Dussollierpersonalmente, pero no a Nils Arestrup, y me ha parecido fascinante. Había por tanto dos elementos que me llamaban: París y los dos actores.

¿Le costó adaptar la obra de teatro para el cine?

Pudimos reelaborar un poco la obra, reescribirla para el cine. El autor Ciryl Gely, es un hombre joven y flexible y estaba muy contento de trabajar con cineastas. También encontré fuentes en Alemania que iban mucho más allá de lo que se decía en el texto teatral y pudimos incorporarlo a la película.

La película recoge sobre todo un amplio diálogo entre dos personas, y alguien podría decir que se trata de teatro filmado. En su opinión, ¿qué diferencias hay entre esta película y una representación teatral de la misma? ¿Qué aporta el cine en este caso?

No lo sé… Lo primero es que no me da miedo el teatro; y el cine puede ser también la palabra. Pero sobre todo es un combate entre dos voluntades y eso es muy cinematográfico. También es más sencillo adaptar una pieza teatral que una novela, porque ya existe una estructura dramática. Cuando se adapta una novela puedes rodar todo tipo de cosas, paisajes, etc., pero es difícil encontrar la estructura. Quizá entonces adaptar el teatro es menos original como trabajo, pero es a la vez muy satisfactorio sobre todo por los actores.

Podría hablarnos de los personajes. Parecen muy opuestos. Von Choltitz es alguien para quien la obediencia es su norma de conducta, su moral, sin embargo Nordling parece más ambiguo, capaz de todo por conseguir su propósito…

El problema está en los arquetipos que tenemos de un militar y un diplomático. Son estereotipos, no individuos. Afortunadamente podíamos poco a poco humanizarlos a los dos, de modo que se descubre que el militar nazi es un ser humano y que el diplomático tampoco es un santo. Fue el general el que más me interesó, en cuanto que era un alemán, y que tenía a un actor francés para encarnar a un alemán. A Arestrup no le da miedo ir demasiado lejos, ser demasiado malvado. Como no es alemán no tiene un sentimiento de protección hacia su personaje, no sentía que debía salvarlo.

¿Qué hay de realidad en la historia?

Ambos personajes se encontraron cinco veces durante cinco días y negociaron muchas cosas, hablaron del futuro de Europa, del armisticio de 24 horas, de liberación de presos políticos, de evacuación de 50.000 mujeres alemanas, las secretarias, etc. Y es que todo el mundo quería ir a París. Además los dos personajes volvieron a encontrarse diez años después de la guerra en París, en 1956. Y el cónsul le otorgó una medalla, e incluso se habló de poner su nombre a una calle. Al final no se hizo nada de esto porque De Gaulle se informó del pasado del general y decidió olvidarlo.

Algunas de sus mejores películas tienen que ver con la II Guerra Mundial. ¿De qué modo le ha afectado a usted como artista? ¿Es un tema inagotable?

Yo he sentido mi pasado alemán como un peso terrible. Ahora a mis años puedo decirlo. Con 14 ó 15 años uno se da cuenta de qué cultura viene y de lo que esa cultura ha sido capaz de hacer. No se trata de una cuestión de culpabilidad. Pero uno no tiene ganas de venir de una civilización que ha hecho eso posible y que es responsable de tal cosa. En los años 50 eso me provocó un trauma y nunca he conseguido deshacerme de él. Tengo una hija y estoy muy contento de que ella no sienta esto en absoluto, pero sé que toda mi generación, cada uno a su manera, ha tenido que luchar contra esto. Por todo esto no es que yo haya elegido el tema para mis películas sino que el tema ya me lo pusieron en la cuna en 1939. Me dijeron “ésta es tu vida y éste es tu trauma”…

¿Cree que puede repetirse en Europa algo como el nazismo?

No, rotundamente. Y no creo que vuelva a haber una guerra en Europa.

Fuente: http://magazine.decine21.com/noticia/102497/entrevistas/volker-schlndorff:-he-sentido-mi-pasado-aleman-como-un-peso-terrible.html 

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