ENTREVISTA A ALAIN RESNAIS: “No hay cura para la soledad”

El cineasta políticamente comprometido que fue Alain Resnais, se acercó, en sus últimos años al ser humano y a sus problemas existenciales. La soledad fue uno de los temas de los que se ocupó, en esta su última etapa, con mayor interés.

¿Es la soledad el gran tema de nuestro tiempo?
Quizás sería mejor decir que es el gran tema del ser humano. Su asignatura pendiente. Todos los hombres buscamos la felicidad que siempre parece estar al alcance de la mano y que se escapa continuamente, quizás es tan solo una creación de nuestra fantasía. Para lograr eso hay que vencer la soledad, pero no hay una receta para ello, no hay cura para el sentimiento de soledad.

Alain Resnais.

¿Eso es un sentimiento pesimista de la vida?
Podría entenderse así. Sin embargo mi sentimiento de la vida no es totalmente pesimista. Creo que todos, mis personajes, los espectadores y yo mismo tenemos una serie de deseos, intuiciones, tentaciones y represiones que están peleando dentro de nosotros por manifestarse. En ocasiones podríamos evitarlas y hacer algo mejor pero no hacemos lo que debemos porque no sabemos o no queremos hacerlo. Por otro lado, existe el problema de comunicarlos: no nos expresamos o hablamos demasiado. Eso contribuye, también a la soledad, a encerrarnos en nosotros mismos con nuestros problemas. No es una ley inexorable, pero sí algo que ocurre con mucha frecuencia.

En casi todas sus películas se siente una angustiosa sensación de ambientes cerrados ¿Es así?
Es lo que denomino la libertad/prisión del acuario. En efecto, en varias películas anteriores, pero sobre todo en Asuntos privados en lugares públicos, los personajes se cruzan una y mil veces con sus pequeñas preocupaciones y circulan con ellas sin que nadie las pueda resolver. ¿Hay una soledad mayor que esta? Como los peces en una gran pecera tan solo tiene contacto cuando hay una identidad de intereses, la comida o el sexo, por ejemplo. El resto del tiempo ellos se deslizan en silencio, suben un poco o bajan hasta el fondo, sin rozarse y acaso sin darse cuenta de que los demás existen.

Como si tuvieran un destino predeterminado…
Sí. En alguna ocasión he definido a mis personajes como prisioneros del teatro del guiñol. Sólo que este es un guiñol trágico. Ellos son marionetas en mis obras y probablemente también lo somos en la vida. A mis personajes primero los pienso, después se materializan y al final comienzan a moverse. La vida de las personas solo está conducida en una mínima parte por lo que podemos llamar el libre albedrío. El destino depende del azar. Las personas pueden encontrarse o no y eso hace que el destino vaya por un lado u otro sin que podamos hacer nada para controlarlo. (…)

 

Entrevista realizada por Juana Téllez.

Fuente: http://revistacinearte.es/no-hay-cura-para-la-soledad/ 

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