Entrevista con la directora Paula van der Oest: Un grito de libertad.

Muchas películas han tratado el tema del apartheid, pero lo interesante de Mariposas negras es un nuevo acercamiento a través de los ojos de la poeta sudafricana Ingrid Jonker en los años 60, cuando las diferencias raciales definían el día a día de cualquier ciudadano.

La actriz Carice van Houten, que interpreta a Ingrid Jonker, es capaz de llevar los vaivenes de un alma atormentada y hacer un retrato de esta poeta de increíble talento, de carácter duro pero al mismo tiempo vulnerable y sensible, haciendo que el espectador se acerque a la vez que se aleja del personaje. Por este trabajo fue nominada al Óscar y galardonada con los premios a la mejor actriz en los festivales de Tribeca, Estados Unidos, y de Holanda.

Jonker coquetearía con la muerte, para conquistarla posteriormente, y más de una vez cortaría sus muñecas para dejar salir el dolor, para liberarse del cuerpo y sus crueldades, como muchas otras poetas marcadas por el sino de la muerte voluntaria, como Safo, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Violeta Parra y Alfonsina Storni, por nombrar sólo algunas.

Los versos de Jonker hablan con sutileza y franqueza, creando imágenes impactantes sobre las injusticias raciales debidas a las políticas de su país, hablan de sus amores tormentosos y de la relación con su padre, el ministro de Censura en el Parlamento. La película muestra esos temas en los que su vida y poemas se debatirían insistentemente.

Quizá el poema que la catapultó a los estrados de la fama fue El niño muerto de Nyanga, el que Nelson Mandela leyó cuando se posesionó en el Parlamento. Esos versos surgieron después de haber presenciado la muerte a tiros de un niño africano negro por parte de soldados, imagen que la marcaría por siempre.

La película incita a conocer más sobre esta poeta y anhelar estar en los paisajes, en la naturaleza generosa y el mar de Ciudad del Cabo. Además, para los que no recuerdan lo que implicaba el apartheid en Sudáfrica, esta historia será una buena manera de refrescarlo.

Entrevistamos a la directora Paula van der Oest.

Cuando empezó a crear el guión, ¿a dónde quería ir en principio: a la historia de amor, al tema político o al retrato de Jonker?
Su vida estaba conectada a la política porque su padre pertenecía al gobierno del apartheid. Me interesaba hacer énfasis en la relación paternal que a la vez representaba el mundo de la política. Ella como un espíritu libre y su padre como la represión, lo rígido del apartheid. La política permea su dolorosa relación. La gente reconocía su trabajo, pero al parecer lo único que ella quería era que su padre la reconociera como poeta, cosa que nunca logró.

¿Qué tipo de investigaciones realizó para hacer la película?
Uno de los productores había hecho un documental sobre la vida de Jonker. Después empecé a leer su hermosa y lúcida poesía. Antes de filmar hice dos viajes de investigación a Sudáfrica y ahí me encontré con gente que la conoció. Conocí a su hija y leí bastante sobre ella.

¿Cómo fue el encuentro con la hija?
Ingrid Jonker tenía una especie de relación simbiótica con su hija, más de lo que se puede ver en la película. La llevaba a todas partes, siempre estaba con ella, pero por otro lado tenía su faceta de artista, muy centrada en ella misma, la cual necesitaba de libertad para poder escribir poesía. La hija tenía ocho años cuando la madre se quitó la vida. Continuó viviendo con su padre, pero mi impresión es que aún sigue herida. Se siente muy orgullosa de su madre, del legado de su poesía. Además, estuvo feliz de que se hiciera una película sobre ella.

¿Cuánto hay de ficción y de documental y cómo se traza la línea entre los dos registros?
Hay muchos hechos, pero para una historia dramática decidí combinar hechos reales con situaciones más emotivas de lo que realmente eran.

¿Cómo definiría la poesía de Ingrid Jonker?
La naturaleza fue siempre muy importante en sus poemas porque era parte de su vida. Utiliza un imaginario infantil que a veces vuelve sus palabras juguetonas, pero al mismo tiempo tiene un lado oscuro, aunque siempre combinado con toques sutiles. De alguna manera era una niña que nunca creció.

¿Cómo siente actualmente que conviven los sudafricanos con su pasado?
Creo que aún cargan esa historia con ellos. El apartheid fue una era traumática que los marcó. Creo que aún sigue latente. Los blancos siguen siendo la gente más acomodada, mientras que entre los negros se ve bastante pobreza.

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