CINE Y MUSICA: STANLEY KUBRICK (y 5) LA CHAQUETA METÁLICA y EYES WIDE SHUT

Aunque Kubrick vivió en Inglaterra desde 1961 hasta su muerte en 1999, nunca dejó de interesarse por la actualidad norteamericana, y se hacía traer grabaciones en video desde Estados Unidos con programas de televisión, como noticiarios, series o espacios deportivos. Uno de los temas que seguía a diario era la evolución de la guerra de Vietnam, aunque las preguntas que le hacían sobre ese tema en las entrevistas nunca consiguieron descubrir sus opiniones políticas.

En los días previos al estreno de El resplandor, Kubrick organizaba pases privados de la película a amigos suyos, y a uno de ellos asistió el escritor David Cornwell, más conocido por su seudónimo de John Le Carré. Cornwell a su vez se trajo al pase a un amigo suyo, Michael Herr, corresponsal de guerra en Vietnam y autor de un famoso libro de reportajes, Vietnam dispatches, que había servido para que mucha gente conociera la realidad de lo que pasaba en Vietnam. Herr también había participado en el guión de Apocalypse Now de Coppola, y quedó encantado con la posibilidad de conocer a Kubrick pues, según contó, había llorado de emoción al ver 2001 el día que volvió de la guerra. En la reunión, Kubrick contó a Herr que pensaba hacer una película sobre Vietnam, y estaba buscando un libro en el que basarse; aunque Vietnam dispatches era un buen libro, no tenía una historia que se pudiera llevar a la pantalla, y preguntaba a Herr si él conocía alguno. Herr dijo que no, y que por entonces estaba saturado de lecturas sobre Vietnam y no deseaba leer más por el momento, aunque el contacto entre los dos continuó desde entonces, hablando a menudo por teléfono de todo tipo de temas (según Herr, las llamadas de Kubrick podían durar hasta 7 horas, 3 horas era una duración “normal”).

A finales de 1982, una nueva llamada de Kubrick anunció a Herr que había encontrado por fin el libro que necesitaba, y le invitó a leerlo para trabajar con él en el guión. Herr aceptó, a pesar de estar saturado del tema Vietnam. El libro era The Short Timers, de Gustav Hasford, escrito entre 1969 y 1976, y publicado en 1979. Su título hacía referencia a unos reclutas del Cuerpo de Marines, que se someten a un adiestramiento de corta duración a cargo de un tiránico sargento instructor, Gerheim, antes de ser enviados a Vietnam. El protagonista, un recluta al que conocen con el alias de “Joker” (Bufón, o Chistoso) observa con cierto distanciamiento cínico lo que ocurre a su alrededor, pero otro recluta, Pratt (al que el instructor rebautiza con el alias de “Gomer Pyle”, personaje de televisión de la época) no puede resistir el trato que recibe, mata al instructor y se suicida. Más tarde, en Vietnam, morirán gran parte de los marines y el propio “Joker” se verá obligado a matar a su mejor amigo.

Hasford era un desequilibrado, que había venido trastornado de la guerra, y que tenía manías como acumular en su casa libros robados de bibliotecas públicas. Cuando supo en 1983 que Kubrick había comprado su novela para llevarla al cine, no cabía en sí de gozo: pensaba que por fin se haría rico, por las ventas que acompañarían a su libro una vez estrenada la película. Y, aunque así fue, él no vivió lo bastante para sacar partido a su éxito, pues moriría de diabetes en 1993, a los 46 años.

El guión escrito en Londres por Kubrick y Herr seguía el mismo principio que otras películas del director, la división en “unidades insumergibles” o compartimentos estancos que se trataban aparte. Cada uno escribía un borrador de cada escena, que pasaba al otro. También llamaban por teléfono con frecuencia a Hasford, para contarle los cambios que iban introduciendo en su novela. Hasford llegó a implicarse tan directamente en la escritura del guión, que finalmente viajó también a Londres, y más tarde apareció por el plató durante el rodaje para exigir que se detuviera la película a menos que se le reconociera como co-autor del guión, a lo que Kubrick accedió, a pesar de que de su mano se habrían usado como máximo 4 líneas de diálogo.

El título definitivo de la película sería Full-metal jacket, que literalmente significa “chaqueta totalmente metálica”; hace referencia al recubrimiento o revestimiento de metal que llevan las balas de fusil, del calibre 7,62 mm ; Kubrick leyó el término en una revista de armas, y le gustó por su carácter “impactante”. La película se estrenaría en su versión española con el título de La chaqueta metálica, aunque antes la novela de Hasford se había publicado en español no con su título original (The Short Timers, algo así como “Reclutas de corta duración”) sino con el de la película que la haría famosa, aunque al no haberse estrenado ni decidido su título español, se tradujo provisionalmente como Un chaleco de acero.

La primera escena de La chaqueta metálica, durante los títulos de crédito (reducidos al nombre del director y de la película), es el rapado al cero del pelo de los reclutas: todo un símbolo de que quien entra en el Ejército pierde su individualidad. Después asistimos a las arengas del sargento instructor (cuyo nombre en la película se cambió a Hartman), destinadas a humillar a los soldados, haciéndoles ver que allí son basura. A algunos les rebautiza como “Cowboy”, “Bola de Nieve”, “Bufón” (Joker) o “Gomer Pyle” (en el doblaje español se le llama “Recluta Patoso”). Todos ellos deben contestar al instructor sólo cuando se les ordene, y sus respuestas empezarán y terminarán con la palabra “señor”. Las arengas del sargento contienen uno de los mayores cantidades de tacos por minuto que se hubieran visto en una película, un lenguaje del tipo “os voy a sacar los ojos, joderos vivos, cortaros la cabeza y cagaros en el cuello”.

El entrenamiento consiste no sólo en pruebas físicas (escalar muros, trepar por sogas, carreras de resistencia) sino también en un lavado de cerebro que convierta a los marines en máquinas de matar, y que alcanza a menudo ribetes surrealistas, como la “oración” que deben recitar los soldados antes de acostarse, dirigida a su fusil. En todas las pruebas, el gordo recluta “Patoso” (cuyo nombre real en la película es Leonard Lawrence) falla una y otra vez, y no consigue seguir el ritmo de los demás. Por otro lado, el “Bufón” (Joker) fue castigado el primer día por hablar imitando a John Wayne, pero más tarde el instructor le nombra jefe de la brigada porque “es idiota, pero tiene cojones y eso basta”. Se le encarga de darle una atención especial a “Patoso” para que pueda superar las pruebas, y vemos a “Joker” cómo pacientemente le explica a su torpe compañero lo que hay que hacer en cada caso. Pero “Patoso” no parece tomarse del todo en serio la disciplina del campamento, pues en una inspección, el sargento Hartman descubre su taquilla abierta y en su interior un donuts, mientras que tenía prohibido comer en el dormitorio. Esto hace que el instructor culpe a los demás reclutas de no haber sabido “motivar” a su compañero, y a partir de entonces, cada vez que “Patoso” cometa alguna falta no le castiga a él, sino al resto del pelotón.

El recibir castigos por su culpa hace nacer el odio de los reclutas contra “Patoso”, aunque “Joker” lo niega cuando él se lo pregunta. Sin embargo, una noche se le da su escarmiento al torpe: los demás reclutas le golpean, utilizando cada uno como arma su pastilla de jabón envuelta en su toalla, mientras otro le sujeta; el propio Joker, el mejor amigo de “Patoso”, es el que más le golpea. A partir de entonces se observa un cambio de actitud en “Patoso”, que se aplica más en sus tareas, pero por otro lado empieza a dar síntomas de locura, como hablarle a su fusil. De hecho, cuando muestra más interés es cuando oye hablar de la posibilidad de matar.

Finalmente, termina el período de instrucción y a cada “marine” se le asigna un destino; pero, esa misma noche, al hacer la guardia, “Joker” descubre a “Patoso” en los servicios con un fusil cargado. A los gritos de “Patoso”, repitiendo las fórmulas que le han enseñado durante la instrucción, se despierta todo el campamento, empezando por el instructor, que acude a los servicios y trata de arrebatarle el arma, pero “Patoso” le mata y luego se suicida disparándose en la boca.

La acción continúa en Vietnam, donde “Joker” ha sido destinado como corresponsal de guerra, de la revista Barras y Estrellas. Su trabajo consiste en manipular la opinión pública fabricando noticias falsas: soldados norteamericanos que trabajan para reconstruir las casas de los vietnamitas, soldados norvietnamitas que desertan y cambian de bando, etc. De hecho, su jefe le dice que ellos sólo publican dos tipos de noticias, o soldados americanos dando parte de su paga a los vietnamitas, o combates victoriosos. Se habla de que el día de Año Nuevo vietnamita el Vietcong prepara una ofensiva, pero eso es descartado de inmediato por el jefe de “Joker”, atribuyéndolo a simples rumores. Sin embargo, ese día (30 de enero de 1968) comienza la que será conocida como “Ofensiva del Tet”, que pare el país en dos, buscando dar a los norteamericanos la impresión de que no podrán ganar la guerra (lo que acabarán consiguiendo); un objetivo propagandístico contra el que se moviliza la oficina donde trabaja “Joker”. Su jefe decide destinarlo a una unidad en primera línea del frente, y junto a él viaja un joven fotógrafo al que llaman Rafterman.

El esfuerzo norteamericano por ganar la guerra no parece verse correspondido por un agradecimiento de los vietnamitas; al poco de llegar “Joker” a Saigón ha visto cómo a un compañero suyo un niño le robaba la cámara de fotos, mientras discutía con una prostituta sobre el precio de sus servicios. Una frase que resume la situación: “Estamos aquí para ayudarles y cuando pueden, nos joden”. La explicación puede ser la que dé un soldado más tarde, que los norteamericanos están luchando por la libertad de Vietnam, pero los vietnamitas antes que ser libres prefieren seguir vivos. Un ejemplo lo vemos en el helicóptero donde “Joker” y Rafterman viajan a su destino, donde también viaja un ametrallador que dispara contra todo lo amarillo que vea, mujeres y niños incluidos: “Todo lo que se mueva es un vietcong; todo lo que esté quieto es un vietcong disciplinado”.

Una vez llegados al frente, “Joker” busca el pelotón de su viejo compañero de instrucción, el Recluta “Cowboy”. Entre ellos hubo más que amistad en el campamento (una relación homosexual se sugiere cuando “Joker” le pregunta a Cowboy “qué quiere a cambio del coño de su hermana”). Por el camino encuentran una fosa común con los ejecutados por los norvietnamitas, generalmente funcionarios del gobierno del Sur. Un coronel le pide explicaciones a “Joker” de por qué lleva una chapa con símbolo de paz y sin embargo en el casco tiene escrito “Nacido para matar”, a lo que “Joker” replica aludiendo a la dualidad del hombre a la que se refieren las teorías de Jung. El coronel pronuncia otra frase para la historia: “A mis marines sólo les pido que obedezcan mis órdenes como si fueran la palabra de Dios”.

“Joker” encuentra por fin el pelotón de “Cowboy”, donde también hay un individuo al que apodan “Madre Animal”, que es el más bestia de todos. Juntos participan en el asalto a una posición del Vietcong, en la que el pelotón sufre dos muertos: uno de ellos era apodado “El Pajas”, porque se masturbaba 10 veces al día, y estaba a punto de ser evacuado. Asistimos a la grotesca escena donde cada miembro del pelotón pronuncia unas palabras ante los cadáveres, y luego son entrevistados por las cámaras, haciendo declaraciones más surrealistas aún, como las de “Joker”: él llegó a Vietnam porque deseaba conocer a los habitantes de esa cultura milenaria y luego matarlos.

Tras algún episodio menor (otra prostituta que se niega a prestar su “servicio” al soldado negro “Bola 8” porque dice que “la tienen demasiado grande”, lo que él desmiente con la evidencia), el pelotón, ahora al mando de “Cowboy” pues su superior ha caído, encuentra que va por dirección equivocada, luego cambia de trayecto; ante ellos están varios edificios, con un patio interior. “Bola 8” se introduce para explorar, y cuando da a sus compañeros la señal de que avancen, es derribado por el disparo de un francotirador. “Cowboy” no se atreve a ordenar entrar a recoger su compañero, y llama por radio para pedir un tanque, en lo que demuestra que no da la talla como jefe. No hay tanque, y el intento de otro soldado, “Doc”, de recoger a “Bola 8”, cuyos gritos se oyen desde fuera, sólo consigue que el propio “Doc” caiga también herido, siendo rematado por los siguientes disparos. Finalmente, a través de un hueco en la pared, el francotirador alcanza a “Cowboy”, que muere entre espasmos en los brazos de “Joker”.

Esto es demasiado, y “Madre Animal” toma el mando y dirige el asalto al edificio, que se realiza lanzando botes de humo para encubrir la acción. El primero que encuentra al francotirador es “Joker”, y ve que es una adolescente vietnamita la que ha causado ya tres bajas entre los aguerridos marines, y está a punto de causar la cuarta, pues al propio “Joker” no le funciona su fusil, y no le da tiempo a sacar otra arma; afortunadamente para él, aparece Rafterman en el último momento y dispara sobre la chica. Llegan los demás soldados, y se agrupan contemplando a la adolescente moribunda; “Madre Animal” propone dejarla ahí “que se pudra”, pero “Joker” aún siente, increíblenente, algo parecido a ternura hacia la niña, y dice que no la pueden dejar ahí en ese estado; la otra posibilidad es rematarla, lo que hace fríamente, con su pistola, el propio “Joker”. En el plano final, los marines patrullan cantando la sintonía del programa de TV El Club de Mickey Mouse, una muestra de que esos feroces soldados, entrenados para matar, en el fondo siguen siendo niños.

El rodaje de La chaqueta metálica se desarrolló en una refinería de gas de Beckton, que estaba a punto de ser demolida y que ya había sido usada por Michael Radford para rodar su adaptación de 1984 de Orwell; las escenas de exteriores en instalaciones militares (el centro de instrucción de la isla de Parris, Carolina del Sur, y la base de Da Nang, en Vietnam) fueron rodadas en la base aérea británica de Bassingbourne. Fiel a sus principios ahorrativos, Kubrick decidió rodar al mínimo coste, y según cuenta John Baxter en su biografía de Kubrick (que hemos consultado a menudo en esta serie de artículos), “sólo hasta que uno ha visto varias veces la película no se da cuenta de que todo el material consiste en realidad en sólo dos tanques, dos helicópteros y unos cuantos camiones”. También fue el primer rodaje que la edad de Kubrick empezó a pasarle “factura”, al no poder soportar un ritmo de trabajo tan intenso como el de otras veces.

El mayor hallazgo del reparto de La chaqueta metálica fue contar con R. Lee Ermey para interpretar al sargento instructor Hartman; Ermey, ex sargento de marines en la vida real, había participado ya en otras películas sobre Vietnam, como Apocalypse Now o Los chicos de la Compañía C (donde también interpretaba a un instructor) y en principio se le contrató como asesor técnico, pero Kubrick vio una prueba donde “decía quince minutos de obscenidades sin parar ni repetir dos veces la misma palabra” y decidió que él hiciera el papel, que le abrió toda una carrera posterior como actor. A Tim Colceri, inicialmente previsto para hacer de sargento Hartman , se le dio como compensación el personaje de ametrallador desde el helicóptero. Para el protagonista “Joker” se eligió a Matthew Modine, que ya había interpretado a veteranos del Vietnam en otras películas (Streamers de Robert Altman y Birdy de Alan Parker); Modine recomendó a su amigo Vincent d’Onofrio, que nunca había trabajado en el cine (sólo en teatro), para el papel de “Patoso”, para el que hubo de engordar unos 30 kilos; pueden destacarse otras interpretaciones como Adam Baldwin como “Madre Animal”, Arliss Howard como “Cowboy”, Kevin Major Howard como Rafterman o Dorian Harewood como “Bola 8”; en general, la mayoría eran actores profesionales poco o nada conocidos.

En la fotografía se volvió a utilizar la Steadicam cuyos resultados se habían visto en El resplandor, aunque ahora su inventor Garret Brown rechazó volver a manejarla y en su lugar Kubrick contrató al cámara inglés John Ward, a quien se puede ver en la película filmando las escenas del pelotón de “Cowboy” reposando tras un combate (también puede verse fugazmente a Vivian Kubrick, hija del director, enfocando con una cámara a la fosa común donde están enterrados los ejecutados por los norvietnamitas; e incluso parece ser que la voz que anuncia por radio a “Cowboy” que no está disponible el tanque que pedía es la del propio Kubrick). Cabe destacar en la fotografía las escenas de combate, con esos edificios derruidos de forma tan “estética”, y en ocasiones ese “temblequeo” de la cámara que anticipa lo que haría Spielberg en La lista de Schindler o Salvar al soldado Ryan.

En cuanto a la música, la música clásica está ausente de La chaqueta metálica, pues seguramente para Kubrick daría a la guerra un matiz más “honorable” que era lo que él quería evitar, pero a pesar de ello hemos decidido incluir esta película en la presente serie, pues no podíamos dejar de lado un título tan importante en la última etapa del director. La mayor parte de la banda sonora la ocupan canciones rock de la época: Hello, Vietnam, de Johny Wright, acompaña al corte de pelo inicial; This boots are made for walking (Estas botas están hechas para caminar), de Nancy Sinatra suena en la primera escena en la que se ve a “Joker” ya en Vietnam; Wooly Bully de “Sam the Sham’s” durante la celebración del Año Nuevo vietnamita, poco antes de que empiece la ofensiva del Tet; Surfin’ Bird, por The Trashmen, durante el reportaje que filman las cámaras en el pelotón de “Cowboy”, mientras recogen sus surrealistas declaraciones; y Paint it black (Píntalo de negro), de los Rolling Stones, en los créditos finales, una canción que expresa bien la negrura sin esperanza que nos cuenta Kubrick, como cuando dice que el propio Sol debería quedarse de color negro; esta canción no apareció en el disco de la banda sonora, por problemas de derechos de autor..

Además deben destacarse dos piezas: el Himno de los Marines, que suena en la ceremonia de su licenciatura, cuya letra (de autor anónimo) hace referencia a pasadas hazañas del Cuerpo (“From the halls of Montezuma to the shores of Tripoli”) y cuya música al parecer se tomó de un aria de la ópera Genoveva de Brabante de Offenbach; y también lo que cantan los marines al final, La Marcha de Mickey Mouse, compuesta por Jimmie Dodd como sintonía del programa de TV El Club de Mickey Mouse, que comenzó a emitirse en 1955. Otros sonidos adicionales con sintetizador y percusión que acompañan algunas escenas clave de la película (la locura de “Patoso” y la escena en que mata al instructor y se suicida; el asalto al edificio donde está la chica francotiradora) fueron compuestos por Vivian Kubrick, que apareció en los títulos de crédito con el alias de “Abigail Mead”.

La chaqueta metálica levantó gran expectación antes de su estreno, hablándose de que Kubrick conseguiría la película definitiva sobre Vietnam. De hecho, tanto tardó en llegar a las pantallas que en el intervalo Oliver Stone realizó Platoon (Pelotón), también sobre la guerra de Vietnam, y se llevó varios Oscar, incluyendo el de la mejor película. La comparación entre ambas es francamente desventajosa para la de Stone, un melodrama convencional que nos cuenta la historia de siempre (la que el público quiere ver, aunque no sea verdadera): los soldados son unos muchachos de buen corazón, que en una ocasión matan a un civil vietnamita pero es porque se pusieron nerviosos, dadas las lógicas circunstancias; en el ejército sigue existiendo el honor, y por ello el “malo” lo paga al final… Frente a eso, la filosofía de La chaqueta metálica se resume en una sola frase, que se repite varias veces: “vivimos en un mundo de mierda”. Al autor de este artículo le ha parecido siempre asombroso que haya críticos de cine que digan que Platoon es mejor película que La chaqueta metálica, pero ya se sabe que en la crítica puede encontrarse de todo. A nuestro juicio, la de Kubrick es una de las tres grandes películas que se han hecho sobre la guerra del Vietnam (y sobre cualquier guerra), superior a El cazador y sólo comparable a Apocalypse Now.

Después de La chaqueta metálica se abre el paréntesis más largo en la carrera de Kubrick, más de 10 años sin rodar. Uno de los primeros proyectos que consideró era volver a la ciencia-ficción. Fue después de terminar Barry Lyndon cuando Kubrick leyó un relato titulado La juerga de mil millones de años, escrito por Brian Aldiss en colaboración con David Wingrove. En aquel libro se hablaba elogiosamente de películas suyas como Dr. Strangelove, 2001 o La naranja mecánica, lo que motivó su curiosidad por conocer al autor. Kubrick llamó a Aldiss y le preguntó si tendría alguna historia que él pudiera filmar; Aldiss le envió varios relatos, uno de los cuales llamó poderosamente la atención de Kubrick: su título era Los superjuguetes duran todo el verano, y su argumento trataba de un niño androide que es adoptado por una familia “normal”, y de sus esfuerzos por que le quieran; otra vez la incomunicación familiar como tema de una de sus películas. Aldiss fue contratado para escribir un guión, pero luego surgió el proyecto de hacer El resplandor y Kubrick encontró un pretexto para despedir a Aldiss.

Volvieron a verse en 1990, mientras Kubrick pensaba cuál sería su próxima película tras La chaqueta metálica. Kubrick llamó de nuevo a Aldiss, diciéndole que “tuvimos unas diferencias, pero eso fue hace años” y quería volver sobre el proyecto de los Superjuguetes. Ahora la película se iba a llamar con las siglas A.I.(iniciales en inglés de “Inteligencia Artificial”), un cierto homenaje a una famosa película cuyo nombre también eran siglas, E.T. de Spielberg, film que Kubrick admiraba. Aldiss fue de nuevo contratado, y Kubrick le dijo que necesitaba seis episodios “estancos” para hacer la película, pero Aldiss tan sólo consiguió escribir dos satisfactorios. Se intentó buscar a un nuevo guionista para que sugiriera cómo podría continuar la historia, primero al mismísimo Arthur C. Clarke, que rechazó volver a trabajar con Kubrick, luego a Bob Shaw (sugerido por Clarke) que no satisfizo al director y luego a Ian Watson, que no se llevaba bien con Aldiss lo que originó que este rompiera de nuevo con Kubrick. Watson siguió escribiendo el guión, pero Kubrick nunca lo llegaría a filmar; A.I. sería finalmente rodada por Spielberg, y se estrenaría precisamente en el año 2001. Sin duda, de haber sido Kubrick el que la filmara el enfoque hubiera sido bien distinto.

Algunos otros proyectos en los que Kubrick se interesó o trataron de interesarle fueron la adaptación de Entrevista con el vampiro de Anne Rice, y de El perfumede Patrick Susskind. Mucho más avanzó la idea de rodar una película ambientada en la Segunda Guerra Mundial, que tratase el tema del Holocausto. Para ello había comprado los derechos de la novela Wartime Lies (Mentiras de Tiempos de Guerra) del Louis Begley, autor polaco que vivía en Nueva York, y que trata sobre un joven judío de familia rica que se las ingenia para sobrevivir ocultándose de los nazis. En abril de 1993, la Warner anunció el proyecto de rodar una película cuyo título sería Papeles arios (es decir, el certificado de que alguien es “ario”, y por tanto no judío). Se hizo la localización de exteriores en Dinamarca, y Kubrick afirmó que ya tenía los escenarios que necesitaba. Pero por esas mismas fechas, Spielberg empezaba a rodar La lista de Schindler (un libro por el que se había interesado el propio Kubrick) y entre que el tema del Holocausto ya se lo habían “pisado” y por otra parte el que (según su mujer) Kubrick, como judío, aparecía “visiblemente afectado” por trabajar en ese proyecto, el caso es que también se abandonó.

Tras más de un año sin saber qué hacía Kubrick, entre rumores de que retomaría A.I., en diciembre de 1995 la Warner dio la sorpresa anunciando el rodaje de Eyes Wide Shut, protagonizada por Tom Cruise y Nicole Kidman, y con guión de Frederic Raphael. El título (que pronto se conoció por sus inciales EWS) venía a significar algo así como “Ojos cerrados de par en par”; en realidad, los ojos pueden estar abiertos de par en par, no cerrados, el título era un juego de palabras que parece sugerir o un sueño (se sueña con los ojos cerrados) o a alguien que cierra sus ojos ante la realidad (ya se sabe, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”). Inicialmente se dijo que la película era adaptación de una novela del propio Raphael, una de tantas “cortinas de humo” con que Kubrick gustaba de despistar a los críticos para mantener el secretismo sobre sus películas. En realidad, se trataba de la Traumnovelle (Novela de un sueño, o Novela soñada) de Arthur Schnitzler, médico vienés fallecido en 1931 muy influido por el psicoanálisis freudiano. Kubrick había conocido a Schnitzler cuando vio La Ronda de Max Ophuls, basada en otro libro suyo (Reigen), y se mostró interesado por esas historias de moral sexual “decadente”. El proyecto no era ni mucho menos nuevo, pues ya en 1971, cuando estaba a punto de estrenarse La naranja mecánica, un ejecutivo de Warner anunció que la siguiente película que rodaría Kubrick sería una adaptación de laTraumnovelle. Tardaría aún un cuarto de siglo.

El comienzo de Eyes Wide Shut nos muestra al matrimonio formado por el doctor Bill Harford y su mujer, Alice; ambos puede decirse que lo tienen todo: son jóvenes, guapos y con dinero. Viven en Nueva York y tienen una hija, Helena, que queda en la casa, cuidada por una “canguro”, mientras los dos van a una fiesta de Navidad que organiza su amigo Victor Ziegler. La cámara nos presenta intimidades de la pareja, como a ella desnuda, mientras se viste, o más tarde en el retrete limpiándose con papel higiénico (algo que parecía un tabú el que se viera en el cine norteamericano). En la mansión de Ziegler, ella se separa de él con la excusa de ir al baño, pero en realidad se va a beber champán; allí la encuentra un caballero de aspecto maduro, que se anuncia como Sandor Szavost, húngaro, y pretende seducirla; ella le sigue la corriente un rato, bailando con él, pero luego se despide, recordándole que es una mujer casada. Mientras tanto, Bill ha estado “tonteando” con dos modelos, que le invitan a ir con ellas “más allá del arco iris”, una sugestiva propuesta si no fuera porque en esto llega un mensaje urgente de Ziegler, que quiere que Bill suba a verle de inmediato. En el piso de arriba hay una mujer desnuda, que responde al nombre de Mandy, y que ha sufrido un ataque tras consumir heroína y coca; el propio Ziegler está semidesnudo. Bill consigue reanimarla, y Ziegler le pide que el suceso quede entre ellos dos. Al llegar a casa, se ve a Bill y Alice desnudos ante un espejo (secuencia que se usó para promocionar la película); él la besa pero ella está ausente, tiene el pensamiento en otro sitio.

Al día siguiente, al llegar él del trabajo, Bill y Alice tienen una tensa conversación en el lecho. Ella le pregunta si “se folló a las dos chicas”, y él que con quién estaba bailando ella. Alice le cuenta el “acercamiento” de Sandor Szavost, y según él sus intenciones estaban claras, al ser Alice tan guapa. Esto hace que Alice le pregunte que, ya que cuando un hombre habla con una mujer guapa es para “tirársela”, si eso era lo que deseaba él con las modelos, a lo que él se declara una excepción en el comportamiento general de los hombres. Las preguntas de ella derivan entonces (mientras él achaca el malestar de ella a los efectos del “porro” que se ha fumado) a si se siente “excitado” al tocar las tetas de las pacientes de su consulta, o si se sienten ellas por que las toque. Al negarlo él, incluso esto último (¿cómo sabe lo que piensan las mujeres?) ella le cuenta una anécdota para mostrarle lo poco que conoce al sexo opuesto: durante unas vacaciones de verano en un hotel, en las que un oficial de marina le lanzó una mirada, ella sintió que si el marino se lo hubiera pedido, por él lo hubiera dejado todo.

En esto, una llamada telefónica comunica a Bill que acaba de morir uno de sus pacientes, Lou Nathanson. Debe ir a su casa en plena noche. Por el camino, comienza a imaginarse obsesivamente lo que pudo pasar entre su mujer y el marino. A la llegada al hogar de los Nathanson, dirige las tradicionales palabras de consuelo a su hija Marion, que próximamente pensaba casarse con Carl, un profesor universitario. Ante la sorpresa de Bill, Marion le besa y le declara (ante su padre, de cuerpo presente) que sólo le ama a él; Bill reacciona achacando esas declaraciones al trastorno sufrido por Marion tras la muerte de su padre. Poco después, llega Carl y Bill se marcha.

De vuelta a casa, Bill sigue pensando en su mujer y el marinero cuando tiene un encontronazo con unos jóvenes que le llaman “marica”. Se encuentra con una prostituta que atiende por “Dominó”, que le invita a pasar a su casa; acuerdan un precio, y cuando ella le besa, él recibe una llamada de su mujer por el télefono móvil. Decide despedirse, aunque pagándole él lo convenido. En la fiesta de Ziegler, Bill había encontrado como pianista a un antiguo compañero suyo de la Facultad, Nick Nightingale, que abandonó la carrera de Medicina sin terminarla; entonces le dijo a Bill que tocaba el piano en el “Café Sonata” y le invitó a ir a escucharle. Eso hace Bill ahora, y hablando con Nick este le cuenta que va a un sitio donde le avisan una hora antes, y debe tocar con los ojos vendados; pero que una vez el vendaje se movió y vio “lo nunca visto”, y mujeres también como no había visto nunca. En esto llaman a Nick por teléfono y apunta la palabra “Fidelio”, nombre de la ópera de Beethoven; es la contraseña para entrar en la misteriosa fiesta a la que va. Ante la insistencia de Bill que desea probar esa nueva experiencia, Nick le revela en qué casa se va a celebrar, pero le advierte que todos los invitados van disfrazados y con máscara.

Hace falta conseguir un disfraz a altas horas de la noche… Bill se acuerda de que un antiguo paciente suyo tenía una tienda de disfraces y va a pedirle que le alquile uno como favor, pero la tienda ha cambiado ya de dueño, el nuevo es un hombre con acento ruso que accede a alquilarle el disfraz a Bill a cambio de un generoso desembolso de dólares. Durante la estancia de Bill, el dueño descubre a su hija adolescente escondida en la trastienda con dos japoneses ya muy maduros, y amenaza con denunciarles a la policía como corruptores de menores. Con el disfraz y la máscara, Bill toma un taxi hasta la mansión y le dice al taxista que espere hasta que salga, cobrando lo que sea.

Una vez dentro, lo que ven sus ojos es ciertamente “lo nunca visto”: con una música tétrica, un encapuchado vestido de rojo oficia una extraña ceremonia, como de una secta, rodeado por otras figuras encapuchadas; al hacer una señal, estas se quitan las túnicas y se descubren como mujeres desnudas; cada una es asignada a un hombre y empieza una orgía por cada habitación de la casa. Mientras Bill, también encapuchado, recorre las habitaciones en plan “voyeur”, una mujer le advierte que corre un grave peligro si no se marcha inmediatamente. Bill no hace caso y es descubierto como un intruso: se le pregunta cuál es la “otra contraseña”, aparte de “Fidelio”, y no la sabe; le obligan a quitarse la máscara, y acto seguido le ordenan desnudarse. Entonces la mujer que le avisó se ofrece a “redimirle”, expiando sus culpas y le dejan marchar, amenazándole con gravísimas consecuencias para él y su familia si revela algo de lo que vio allí. No se le dice qué suerte va a correr la chica. A su llegada a casa, Bill despierta a su mujer y esta le cuenta un sueño muy extraño que ha tenido, una pesadilla donde muchos hombres la poseían, uno detrás de otro.

Al día siguiente, comienzan para Bill los intentos de encontrar una explicación a los sucesos de la noche anterior, y su fracaso será continuo, es como si intentase encontrarle lógica a una pesadilla: averigua el hotel donde se hospeda Nick y pregunta al recepcionista, pero este le dice que a Nick se lo han llevado aquella mañana dos hombres fornidos; intentó dejar una carta, pero no se lo permitieron, y además llevaba una herida en la mejilla. De vuelta a la tienda de disfraces, devuelve lo alquilado pero ha perdido la máscara; para mayor absurdo, el precio de reponer una pieza del disfraz es menor que el de su alquiler. Por si fuera poco, los dos japoneses de la otra noche se pasean tranquilamente con su hija: “hemos llegado a un acuerdo”, dice el dueño de la tienda. Nada tiene pies ni cabeza.

Bill abandona sus deberes de médico en la consulta y vuelve a la entrada de la mansión de la otra noche; una cámara le ve llegar y un coche acude a darle un sobre de “segunda advertencia”, que “deje de hacer preguntas inútiles”. Bill comienza a desconfiar del sueño que le contó su mujer… ¿y si ella lo sabe todo? Intenta hablar con Marion, pero se pone Carl al teléfono; intenta también volver a ver a Dominó, pero su compañera de piso le dice que igual no vuelve, pues unos análisis le han confirmado que tiene el SIDA. A todo esto, se da cuenta de que le sigue un hombre. En un café, Bill lee en un periódico que una ex miss ha sido encontrada en un hotel con sobredosis de drogas. Presintiendo que ahí está otra pieza del rompecabezas, se presenta en el hospital exhibiendo su carnet de médico (pasa media película enseñándolo, para abrirse todas las puertas) y le informan de que Amanda Curran ha muerto. Va al depósito a contemplarla.

En esto recibe una llamada de Victor Ziegler, que le quiere hablar de algo importante; se trata de lo que pasó la otra noche, Ziegler dice que lo sabe todo, y los intentos de Bill de negarlo son inútiles, pues Ziegler le dice que él estaba en la mansión y vio el rostro de Bill a cara descubierta. El hecho de que el tapiz del billar de Ziegler sea rojo (un color inédito en mesas de billar) parece sugerirnos que Ziegler era el “Papa” de la secta. Le dice a Bill que sabe que ha ido al hotel de Nick, pues le ha hecho seguir “por su propio bien”. Averiguó que fue Nick quien le habló de la orgía, pues les vio hablar en la fiesta navideña de su casa. Con lo de la “segunda contraseña” se le descubrió, pues no había tal, y ya antes habían sospechado al ver el taxi esperando y el recibo del alquiler del disfraz. Según Ziegler, Nick se ha reunido con su familia en Seattle. En cuanto a la chica que se ofreció a “redimir” a Bill, le confirma que es la misma que ha muerto de sobredosis (y la misma a la que atendió Bill el día de la fiesta navideña), pero la “expiación” era una comedia, su muerte no tuvo nada que ver con eso, fue su adicción a las drogas y nada más. ¿Es cierto? ¿Es falso? ¿Cómo puede saberlo Bill? Los participantes en esa ceremonia eran gente muy importante, tanto que es natural que quieran borrar las pistas de cualquier delito.

A su llegada a casa, abatido, contempla que sobre el lecho donde reposa Alice alguien ha dejado… la máscara que perdió. ¿Cómo ha llegado hasta allí? Entonces se derrumba y se lo cuenta todo a su mujer, que le escucha en silencio. Poco después, están con su hija en unos grandes almacenes, pensando en comprar regalos navideños, y analizando la situación. Finalmente, ella le dice que deben hacer urgentemente una cosa; él pregunta qué es, y la respuesta es “Follar”.

Gran parte de los valores de Eyes Wide Shut están en la novela original de Schnitzler, que está llevada fielmente a la pantalla, con la lógica trasposición de la Viena de principios del siglo XX al Nueva York de finales, y el cambio de carruajes por automóviles. Bill y Alice se llaman en la novela Fridolin y Albertine, y la aportación más original de la película es el personaje de Victor Ziegler, que no tiene equivalente en la novela; hay también alguna otra aportación típicamente kubrickiana, como el toque de humor absurdo de que el dueño de la tienda de disfraces se acuerde de preguntarle a Bill un remedio contra la caída del cabello en el momento más inoportuno, cuando él está deseando marchar con su disfraz.

El rodaje de EWS tuvo el “honor” de ser el más largo de la historia del cine, de noviembre de 1996 a febrero de 1998. Como pareja protagonista, Kubrick había pensado en el matrimonio formado por Tom Cruise y Nicole Kidman, que aceptaron entusiasmados la posibilidad de trabajar con el gran maestro, pese a la fama de la dureza de sus rodajes; también estaba encantada la Warner, que veía así asegurada la comercialidad de la película. Sin embargo, el método de Kubrick de repetir las tomas hasta la saciedad (la escena en la que Cruise vuelve al final a casa, abatido, y cierra una puerta se dice que se repitió 90 veces) pronto comenzó a hacer mella en el reparto, que vio cómo el proyecto no avanzaba y tampoco podían, por contrato, participar en otra película mientras esa no estuviera terminada. Harvey Keitel, que inicialmente era el intérprete de Ziegler, abandonó, y todas sus escenas fueron rodadas de nuevo con Sydney Pollack (más conocido como director, y ganador del Oscar por Memorias de Africa); las malas lenguas decían que Pollack terminaría la película si Kubrick, ya al filo de los 70 años, moría antes. También abandonó la Marion inicialmente prevista, Jennifer Jason Leigh, siendo sustituida por Marie Richardson. Pero Cruise y Kidman resistieron hasta el final; ella desmostró ser una de las mejores actrices de la actualidad y él, pese a quedar a menor altura, sí mostró una variedad de registros interpretativos que hasta entonces no se le conocían (la sonrisa cínica cuando Nick le cuenta las orgías, el abatimiento cuando llega derrotado a casa…) Poco después de la película el matrimonio se rompió, y se dijo que tal vez el rodaje tuviera la culpa.

La fotografía de EWS, a cargo de Larry Smith, muestra a menudo tonos irreales, que expresan a la perfección el carácter de la película, de no distinguir el sueño de la realidad, como esos dorados en las fiestas, esa pantalla entera en tonos de rojo cuando se trata de expresar “pasión” o azul para expresar “frialdad”… Por otro lado, la mansión donde se desarrollaba la orgía es en realidad la de la familia Rotschild en Mentmore, y algunas escenas están rodadas en en hotel Lanesborough de Londres, del que Kubrick alquiló un piso entero durante una semana, incluyendo una suite real de 6.000 libras por noche. De la verdadera Nueva York se ve bien poco, hasta las calles están reconstruidas en estudio: como siempre, Kubrick no se movió de Londres.

En la banda sonora de EWS, Kubrick recuperó la costumbre de incluir música clásica en sus películas, y hay dos piezas que permanecen en la memoria del espectador: el Vals nº 2 de la Suite de Jazz nº 2 de Shostakovich, que es la música utilizada en los créditos iniciales y finales, aparte de otros momentos, como la actividad de Bill en su consulta diaria mientras Alice está en casa: una música que expresa de forma ideal el ambiente guiñolesco de la película, como diciéndonos que “Todo es una farsa”. La otra es la Música ricercata nº 2 de Ligeti, compositor al que Kubrick recurriría por tercera y última vez en su carrera. Esta música para piano, una obra de juventud escrita en Hungría en 1951-53, mientras su autor ya pensaba en exiliarse, suena por primera vez cuando Bill Harford es sometido a “juicio” por la secta, y más tarde acompaña sus desesperados intentos por averiguar qué pasó, siempre condenados al fracaso.

Otra pieza para piano que se escucha en el film es Nuages gris (Nubes grises) de Liszt, que oímos cuando Bill examina el cadáver de la modelo muerta en el depósito. Y, dentro del campo de lo “clásico”, hay aún dos piezas más: Viena, ciudad de mis sueños de Rudolf Sieczynski, que apenas se oye en la escena final de la juguetería, y el “Rex Tremedae” del Requiem de Mozart, que se escucha en la cafetería “Sharky’s” (!!!) cuando entra en ella el abatido Bill y lee la noticia de la modelo encontrada con sobredosis.

Las piezas para piano suenan interpretadas por Dominic Harlan, sobrino de Kubrick y en cuyo curriculum como pianista figura haber tenido entre sus profesores a Malcolm Martineau y haber acompañado a la soprano Gwyneth Jones. Para el vals de Shostakovich se utilizó una grabación comercial, la de Riccardo Chailly dirigiendo a la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam, incluida en el disco Shostakovich: The Jazz Album editado por Decca. En cuanto al Requiem de Mozart, en lugar de las habituales versiones de la Deutsche Grammophon, esta vez se quiso ahorrar y se incluyó una del sello Laserlight, la dirigida por Uwe Gronostay a la Sinfónica de la Radio de Berlín y el coro de Cámara RIAS: una muestra de que la sonorización completa no la llegó a hacer el propio Kubrick.

Aparte de la música clásica, el espectador sale impresionado también por las composiciones originales que se encargaron para la película a Jocelyn Pook, compositora inglesa nacida en 1964 y fundadora del grupo “Electra Strings”, que es quien las interpreta. Son suyas la música que acompaña a la escena imaginada por Bill del encuentro entre su mujer y el marino (“Naval Officer”), la de la ceremonia de la secta (“Masked Ball”), la de los paseos de Bill en plan “voyeur” por la mansión (“Migrations”) o la del relato que hace Alice de su extraño sueño (“The Dream”).

En cuanto a otro tipo de canciones, la película está asimismo bien nutrida de ellas, de las que la más recordada es Baby did a bad, bad thing (Nena hizo una cosa mala, mala) de Chris Isaak, que acompaña la escena ante el espejo que sirvió de primer “trailer” promocional de la película; también cuesta creer que esa sonorización la hubiera elegido Kubrick, pues no se adapta tan bien a las imágenes como en general el resto de la música. Entre otros “temas” conocidos podemos señalar los que se tocan en la fiesta en casa de Victor Ziegler, al comienzo de la película: pueden reconocerse I’m in the mood for love (Estoy en forma para el amor) de Jimmy Mc Hugh y Dorothy Fields, It had to be you (Tuviste que ser tú) de Gus Kahn e Isham Jones, Chanson d’Amour (Canción de Amor) de Wayne Shanklin, Old fashioned way (A la moda antigua) de Georges Garvarentz y Charles Aznavour, When I fall in love (Cuando me enamoro), de Edward Heyman y Victor Young, que suena en la escena del baile de Alice y Sandor, con intento de seducción por parte de este) y I only have eyes for you (Sólo tengo ojos para ti) de Harry Warren y Al Dubin, cuando Alice deja a Sandor. Todas ellas están interpertadas por la Orquesta de Victor Silvester, excepto It had to be you (por Tommy Sanderson & The Sandmen).

Por último, otras cuatro canciones que aparecen en diferentes momentos de la película son: I got it bad (and that ain’t good), en el momento en que Dominó besa a Bill, y que interpreta el Trío de Oscar Peterson; If I had you, de Ted Shapiro, Jimmy Campbell y Reg Connely, que suena interpretada por Roy Gerson en la escena donde se ve a Nick tocando en el “Sonata”; Blame it on my youth, de Oscar Levant y Edward Heyman, interpretada por Brad Mehldau, suena cuando Nick le cuenta a Bill su “secretillo”; Strangers in the night, de Bert Kaempfert, Charles Singleton y Eddie Snyder, que alcanzaría gran popularidad en la voz de Frank Sinatra, suena aquí interpretado por la Orquesta de Peter Hughes en el momento de la conversación entre el enmascarado Bill y la mujer que le advierte en la mansión del peligro que corre. I want a boy for Chrismas, de Benjamin Page y Christopher Kiler, interpretado por The Det-Vets, suena en el “Gillespie’s” mientras Bill pregunta por el paradero de Nick.

A principios de marzo de 1999, Kubrick envió a Estados Unidos una copia de EWS ya montada, pero sin sonorización definitiva, para que la viesen Cruise, Kidman y los ejecutivos de la Warner. El domingo 7 de marzo, el director moría en su casa de Childwick Bury, con lo que EWS se convirtió en su testamento, y en la película que ahora todo el mundo deseaba ver, por puro morbo; la Warner suspiró de alivio, porque así estaba asegurado que recuperaría los 65 millones de dólares que le había costado. Y los demás mortales pudimos ver una película atípica dentro de la filmografía del director, con un ritmo narrativo mucho más pausado que en sus anteriores películas (quizás no se veía algo así desde “Lolita”), lo que puede deberse a que Kubrick no tuvo la oportunidad de suprimir metraje después de montar la película, como hizo en otras ocasiones. Una película que, si no es la mejor de Kubrick como alguien llegó a decir (o llegó a decir que el propio Kubrick dijo), sí es un soberbio estudio de cómo una relación de pareja puede sucumbir ante sus propios fantasmas, cómo lo imaginado tiene muchas veces mayor realidad que lo “real”, y cómo la verdadera “realidad” siempre se oculta tras máscaras y nunca la podremos encontrar, porque tras cada máscara que se cae siempre hay otra máscara.

Fuente: http://filomusica.com/filo26/chaqueta-ews.html 

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