Análisis de la película

Kenji Mizoguchi es muy posiblemente uno de los directores japoneses más conocidos por tierras occidentales, junto a Akira Kurosawa. Es uno de los clásicos, empezando a estrenar películas allá por los años 20 y dirigiendo muchas de ellas a lo largo de los siguientes 30 años, hasta que falleció en 1956. La gran mayoría de sus películas cuenta con muy buena valoración y tenía ganas de explorar el cine de este hombre, así que me puse con una de sus películas mejor valoradas:Ugetsu Monogatari, traducida como Cuentos de la Luna Pálida de Agosto, estrenada en 1953.
Esta película nos cuenta la historia de dos campesinos en el Japón feudal del siglo XVI, asolado por numerosas guerras civiles. Uno es alfarero y quiere ganar más dinero, y el otro quiere ser reconocido como un gran samurái. Sus ambiciones les llevan a poner en peligro a sus respectivas familias.
Cuentos de la Luna Pálida de Agosto es una buena muestra de cine clásico japonés, y como tal, es una película complicada de recomendar. Esta es una de esas cintas a las que debe acercarse uno mismo, independientemente de las recomendaciones (para bien o para mal) que uno se encuentre, y porque le interese especialmente la temática.
Personalmente, uno de los puntos a favor que le encuentro es esa mirada al Japón feudal, pero desde una perspectiva clásica, alejada de las tendencias más cercanas a la espectacularidad de hoy día, salvo quizá excepciones como Yoji Yamada, que también es de la vieja escuela. En esta película nos encontramos con una visión mucho más sobria y que parece más cercana a esa época histórica, una visión sencilla pero efectiva de la vida en un momento bastante difícil para el país y sus ciudadanos.
En el aspecto técnico y asumiendo que desconozco detalles históricos precisos en lo que respecta a la arquitectura de la época o el vestuario, en general me dio bastante buena impresión, tanto la representación del pequeño pueblo como la ciudad más grande, las tiendas o el ajetreo del mercado. En ese sentido me parece que la ambientación está bastante lograda, llevándonos a unos cuantos siglos atrás, a lo que ayuda la música tradicional japonesa, de corte melancólico, que acompaña a la película.
A esta buena ambientación hay que sumarle un correcto apartado técnico, destacando bastante la iluminación de ciertas escenas, algo importante en una cinta en blanco y negro, así como el toque onírico o fantasmagórico de ciertos pasajes, como ese sensacional viaje en barca por el río o toda la maravillosa escena con el palacio. Los actores también cumplen bastante bien con su papel, aunque resulta obligatorio poner las interpretaciones en su contexto histórico. Si se hace así, proporcionan momentos de gran fuerza en varios tramos de la película.
Pero Cuentos de la Luna Pálida de Agosto, más allá de pretender ser una interesante mirada al Japón feudal, es una historia de personajes y con finalidad moralizante, tal y como se encarga de subrayar la película en más de una ocasión (quizá demasiado para los gustos actuales). Los personajes protagonistas, los dos hombres, abandonan de una manera u otra a sus respectivas familias en busca de un status mayor, ya sea más dinero o un trabajo reconocido como samurái. La película es un alegato hacia los valores humanos tradicionales, al amor por la familia, la esposa o el niño pequeño que espera a su padre, frente a la codicia del dinero o la sensación de poder. Y para esta historia y uniendo esto con la ambientación histórica, la película no escatima tampoco en mostrarnos algunas escenas crueles. No tanto visualmente, donde sugiere más que muestra, pero sí en la historia y sus implicaciones en los protagonistas. Las acciones tienen consecuencias, y como buena historia que pretender moralizar, habrá que aprender alguna lección que otra.
Es cierto que este mensaje es universal e independiente del tiempo, y no hemos parado de ver películas que nos pueden contar lo mismo en todas estas décadas, ya sean ambientadas en la actualidad o como en este caso, 400 años atrás. Lo que hace interesante esta película es la recreación de este mensaje a través de cuento clásico japonés, casi como contado oralmente de abuelos a nietos, de narración de una historia cercana a la leyenda, donde incluso podemos encontrarnos con algún elemento sobrenatural, que tan fáciles son de encontrar en ellas. Ese aire místico está realmente bien conseguido.
Es una película que me ha gustado, tiene una buena historia, generalmente bien contada, con algunos pasajes muy buenos y a la que le puedo achacar pocos fallos, pero tampoco ha llegado a maravillarme, igual porque las expectativas eran demasiado altas por la fama que la precedía, o porque no he llegado a implicarme del todo con los personajes, especialmente con los protagonistas masculinos. Cuentos de la Luna Pálida de Agosto es una película interesante para adentrarse en el cine clásico japonés y además, para explorar la época feudal de este país. Cuenta con momentos muy logrados tanto en lo emotivo como en lo visual, con escenas muy poderosas y evocadoras. Pero su gran virtud puede ser también su gran punto en contra, ya que quien no esté interesado en el cine clásico japonés y en esta época histórica, posiblemente encuentre esta película aburrida, a pesar de lo universal de su mensaje.
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