Le tableau, análisis

En Le tableau hay tres clases sociales, los “Toupins”, los “Pafinis”y los “Reufs”. Los primeros son altaneros, orgullosos de su condición y generosos despreciando a los que no pertenecen a su clase. Los segundos se encuentran en un estadio intermedio, donde solamente escasos detalles los separan del derecho por “nacimiento” de los acomodados. Y en la base de la escala los Reufs, los marginados, escasos trazos sin color y por tanto sin privilegios. Y es que todos ellos son en realidad personajes de un cuadro, le tableau en la lengua gala:  los Toupins, completamente pintados, los Pafinis, casi completos y los Reufs, simples bocetos.

De esta manera, el juego de colores que lucen engreídos los Toupins les faculta para disfrutar de las delicias del castillo, la envidia de todos. Una zona vetada al resto de clases que están obligadas a conformarse con el aire libre y a mantenerse bien ocultas si no quieren ser objeto de burlas, en el caso de los Pafinis, y de incluso persecuciones en el de los Reufs.Así algo tan insulso como estar más o menos pintado condiciona por entero la vida de los personajes. Algo tan insulso como es discriminar por nacimiento o raza.Además, en medio de esta tensa situación de desigualdad, se encuentra una propia versión de Romeo y Julieta: Ramo (Toupin) y Claire (Pafini), una pareja de enamorados que deben vivir separados por pertenecer a diferentes clases y que por tanto no pueden disfrutar plenamente de su amor.

Estas circunstancias sientan base para la crisis existencialista que viven las clases consideradas inferiores y que les lleva a querer lo que la humanidad desde tiempos antiguos: preguntar directamente al creador. ¿Por qué? ¿Por qué recibo tal castigo? ¿Por qué otro es el privilegiado y no yo? ¿Cuál es el sentido de mi existencia? Y lo que es más importante, pedirle que solucione sus problemas, en el caso de los personajes del cuadro que los termine de pintar y así no ser nunca más rechazados.

Con este objetivo un trío con representantes de cada clase social se embarca en la aventura de buscar al pintor que los creó aunque para ello deban abandonar incluso el cuadro y adentrarse en lo desconocido.

De este modo, a través de bellos y coloridos dibujos inspirados en cuadros de autores como Modigliani o Picasso, se realiza un viaje por lienzos expresionistas, un deleite para los amantes de la pintura y que hace disfrutar sea cual sea el rango de edad del espectador. Una aventura que invita a la reflexión y que aumenta la empatía del público con los personajes.

En definitiva, una apuesta muy original para tratar el conflicto humano de la existencia y dar una vuelta más, siempre importante, a la sinrazón del racismo.

Y aunque más intensidad en la trama la hubiera hecho sobresaliente, no se puede negar que es una simbiosis perfecta de dos formas de arte: la pintura y el cine.

Fuente: http://www.cronicasdevalhalla.com/2013/12/le-tableau.html

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