“El movimiento como transgresión”

Por: Débora García Sánchez-Marín

 

Nacida en el contexto de las grandes vanguardias europeas del siglo XX, la danza expresionista, también llamada abstracta, es fundamentalmente la recuperación del movimiento libre, el desarrollo de una relación más dinámica con el espacio, y sobre todo la posibilidad de autoexpresión mediante el cuerpo. Es, en palabras de Pina Bausch, evocación, una ilusoria solución a la imposibilidad de la comunicación.

La película Pina, de Wim Wenders homenajea a la coreógrafa alemana, directora de obras como Tannhäuser, Ifigenia en Taúride, y La Consagración de la Primavera entre otras, pero rehúye los códigos del documental realista. Pina, de Wenders, elogia la figura de una mujer innovadora que reinventó los cánones de la danza clásica para mostrar la realidad y la capacidad del movimiento como transgresión. A finales de los años setenta apareció el concepto de ballet postmoderno, refiriéndose a un conjunto de rupturas, tanto estéticas como expresivas, que Wim Wenders presenta en su película y que potencia gracias a la utilización del 3D: la eliminación de la perspectiva unidimensional en favor de los espacios abiertos, ampliándolos; la revalorización de lo cotidiano y de los lugares comunes; el continuo humano en su expresión más trivial, incluyendo en estos cambios los sonidos ambientales. Y entre ellas, también el abandono de las tablas del teatro clásico por las superficies naturales y urbanas. Todo ello es parte de un estilo que alcanza su máxima expresión con Pina y su compañía, la Tanztheater Wuppertal Pina Bausch.

Fotograma de la película Pina

 

Bailad, bailad o estaréis perdidos“. La muerte de Pina antes del inicio del rodaje fue un golpe muy duro, pero los bailarines decidieron continuar con la obra de la compañía y con el proyecto de Wenders. Interiorizaron el método de trabajo de Pina Bausch, y con sus respuestas bailadas, con sus coreografías, dieron forma a la película. El principio básico de la filosofía de Pina se encuentra en sus palabras: no estaba tan interesada en cómo se movían sus bailarines, ella quería saber qué los movía. Ese acercamiento a la danza que Wim Wenders califica de “fenomenológico”[1], se trasmite a la perfección en su película, que está impregnada de una nostalgia futurista, del Sehnsucht[2] que caracterizó muchas de las piezas de Pina Bausch.

Pina, de Wim Wenders

 

Los bailarines, que son los verdaderos motores del relato, muestran cómo se implicaban en la construcción de las obras, siguiendo el peculiar método de la directora, presentando sus propios miedos y deseos, poniendo de manifiesto toda su vulnerabilidad. Lo que el documental (o esta fantasía) evidencia, es como toda esa gestualidad de lo cotidiano, ese borboteo de gestos físicos y emocionales, se traducían de la mano de Bausch en composiciones llenas de originalidad, y sobre todo de cruel humanidad. Al trabajar con los miedos, los deseos, y también los complejos, las composiciones y escenas que Wenders nos presenta están henchidos de un desgarro total. De la mano de Pina, el ámbito de lo terrible, toda nuestra humana intimidad, se encarna sobre el escenario. De igual manera que lo plasmaron los expresionistas, como deja traslucir Wenders, la obra de Pina está llena de crueldad e ironía, y también de fragilidad y de una tremenda inseguridad, que siempre acaba materializándose en fuerza.

Pina, la película

 

La película, al igual que las obras de Pina Bausch, no sigue una estructura narrativa lineal, ambas están construidas a partir de capítulos, representados en la película por el discurso-composición de cada uno de los bailarines que formaban el ballet, la intervención de cada uno de ellos se inicia siempre con una no-entrevista, un “retrato silencioso”, en la que el bailarín es presentado sobre un fondo oscuro donde es la voz en off la que guía al espectador, para finalmente culminar en imágenes  impactantes de la experiencia individual de cada bailarín.

Imagen de la película Pina, de Wim Wenders

 

Wim Wenders parece seguir en su filmación el estilo que caracterizó a Pina. Como ella, explora las posibilidades de la danza y del teatro, y traslada las fronteras clásicas de la danza a lugares que antes no se habían experimentado: una montaña, el desierto, una casa de paredes de cristal, una mina. El director hace bailar a la cámara y sumerge al espectador en las sensaciones, valiéndose de las diferentes texturas y materiales que se suceden en el film: el agua, la tierra, el asfalto o la hierba.Pina de Wim Wenders manifiesta esa relación tan especial que inaugura la película: la de la danza y  el 3D, dos lenguajes que se complementan y se retroalimentan. Los cuerpos cobran en la pantalla una nueva forma, se abandona lo plano para alcanzar una corporeidad no conocida hasta entonces y una voluptuosidad inusitada.

 


[1] Palabras extraídas de la entrevista realizada por Violeta Kovacsics a Wim Wenders. Cahiers du CinemaEspaña, Caimán Ediciones, Septiembre 2011. Traducción de Juanma  Ruiz.
[2] Término alemán, para el que no existe una traducción precisa, y que es una especie de enfermedad de la nostalgia.

Fuente: http://www.elespectadorimaginario.com/pages/noviembre-2011/criticas/pina.php 

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