“F for Fake: Orson Welles desnuda el arte y se desnuda a sí mismo”

Pocos cineastas hubo en la historia del Cine con una carrera tan interesante como la de Orson Welles. Encumbrado por su primer proyecto y repudiado por su segundo, el bueno de Orson tuvo que buscarse la vida en Europa donde su trabajo sí era respetado ya que en su país natal comenzaba a velarse más por el taquillazo que por el arte, algo que el director de “Ciudadano Kane” llevaba en las venas ya desde sus inicios radiofónicos que le valieron una merecida fama. En suelo europeo realizó cinco películas, cada cual más interesante que la anterior. Y en los setenta tuvo lugar su última aportación (a expensas de su inacabado Quijote) al celuloide, una extraña e interesantísima reflexión sobre el arte y, en menor medida, sobre su propia carrera. Hablamos de “F for Fake”, aquí conocida como “Fraude”, una película adelantada a su tiempo que sentaría los cánones de la forma posterior de armar los documentales y del uso de la cámara.

Pienso que pocos directores de Cine fueron tan importantes y capitales para el desarrollo del medio como Orson Welles. Quizá suene exagerado, pero cada película dirigida por él (incluso las que no dirigió pero participó en mayor o menor medida) cambió el Séptimo Arte tanto en su concepción como en su forma de narrarlo. Así sucedió con ese díptico maravilloso formado por “Ciudadano Kane” y “El cuarto mandamiento”, como también sucedió con “Sed de mal” y “El Proceso”. Y su último ramalazo, su última aportación, su última visión casi futurista del Cine fue esta “F for Fake”, un falso documental que reflexiona tan lúcida como interiormente sobre el arte en todas sus concepciones.

Welles nos cuenta la historia, según él mismo real durante una hora de metraje, de un falsificador de cuadros de origen húngaro. Aprovecha mientras nos cuenta la historia de este singular hombre, rico y vanidoso, aficionado a las fiestas y considerado a sí mismo mejor que los pintores de los cuadros que falsifica (Picasso, Monet y Modigliani entre otros); para contar otras historias relacionadas con el arte y su concepto de mentira, su origen de suplantación de una realidad que los seres humanos no alcanzan a entender por sí mismos.

Durante apenas hora y media se nos habla de Howard Hughes relacionándolo con el falsificador, de la magia y su relación con el arte, de la carrera del mismo Orson Welles y sus orígenes como eterno mentiroso (graciosísima y muy coherente su falsa etapa como pintor en Irlanda) y por último se acude, en los últimos veinte minutos, a una historia de lo más bella sobre la obsesión que Picasso tuvo con una exuberante mujer europea. Welles es ambicioso y esa ambición se deja ver en la temática, en la forma de abordarla y en su resultado final. Habla del arte haciendo arte, mintiendo y engañando, pero también seduciendo a través de la cámara y demostrando un tremendo gusto visual apoyado de un grandísimo montaje. Es quizá su obra más extraña y a pesar de su concepción también la más ficticia de todas. Aúna con la pasión de un alquimista la realidad con la ficción, confundiéndolas, juntándolas, manejándolas como si fuesen marionetas al servicio de sus obsesiones.

Además de todos estos aspectos referentes al fondo y al tema a tratar, Welles acomete su proyecto más creativo a nivel visual, exprimiéndose los sesos al máximo y viajando al futuro para armar una puesta en escena que hoy en día muchos documentalistas que trabajan con un material real no son capaces de alcanzar. Cámara en mano, zooms veloces y precisos, desenfoques, cortes bruscos al servicio de un montaje metafísico y profundo, tan profundo que asusta. La fotografía, manejando a la perfección los espacios y la sensación de realidad, en ningún momento da la impresión (salvo en alguna secuencia, sobre todo en las que Orson Welles narra) de estar asistiendo a un falso documental. Y es que al fin y al cabo, al verla queda la duda de si la totalidad del metraje visto es falsa o no. Está clarísimo que contiene situaciones totalmente falsas y ficcionadas, pero en otras deja el beneficio de la duda, una duda que enriquece su propuesta todavía más. Una reflexión magistral sobre el arte y todas sus concepciones, una reflexión solamente a la altura de Orson Welles.

Fuente:http://eternidadycine.com/2010/12/f-for-fake-orson-welles-desnuda-el-arte.html

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