La obligación, la nostalgia, la derrota y la verdad

Por Javier Moreno

O deserts down below us
And storms up above
Like a stray dog gone defective
Like a paper tiger in the sun”

-Beck, Paper Tiger

Pedro Manrique Figueroa (Choachí, 1934) es reconocido como el pionero del collage (y del goulash) en Colombia. Es un revolucionario de espíritu, incapaz de ceñirse a los dogmas y los sueños de dominación de sus contemporaneos. Un hombre atrapado en una historia que lo controla. Un estudiante que nunca estudió, que lo conoció todo, lo vio todo, lo sintió todo, y que desapareció en 1981 sin dejar rastro ni prueba de su existencia más allá de los rumores difusos, dispersos, como recortes de papel. Manrique toma China Reconstruye y recorta, y rodea a Mao de ángeles. Uno de los ángeles tiene la cara de Lenin, el otro es Andy Warhol. Mao flotando sobre un cultivo que se pierde en el horizonte. Los demonios corren por el campo pisando los arrozales y los campesinos. El Capitán América, castrado por una hoz y un martillo, sostiene a Mao del cuello. La virgen los cobija a ambos. Los chinos leen el libro rojo en el infierno, para siempre.

Mock-mockumental

Llamar esta película un mockumental cómico a secas es pecar de ingenuo, o de miope. Mencionar a Chris West, como hace un crítico enEl Tiempo, y quedarse tan campante comparando a Un Tigre de Papelcon This is Spinal Tap! o Best in Show es como si al leer el Quijote, perdonarán el lugar común, dijeran que era una novela de caballería de un hidalgo valiente que lucha contra gigantes.

La verdad es que Un Tigre de Papel es un documental en el sentido estricto del término, más allá de su aspecto formal. Tal vez esa sea su primera y mayor mofa: Escudarse bajo la apariencia de un mockumental delirante sobre la vida de un colombiano que estuvo en todas partes para hablarnos de todas esas partes donde estuvo, y de Bogotá, y de esos años extraños cuando todo se movía tan rápido, cuando la gravedad era tan fuerte que nada se sostenía en pie más de seis años: Todo caía.

Genericidad

“I’m the epitome of Public Enemy.”

-Public Enemy, Don’t Believe the Hype

En su aparente rareza, Pedro Manrique Figueroa pudo ser cualquiera. No sé si eso habla mal o bien de la dudosa condición de ser colombiano en esos años, o de ser cierto tipo de colombiano, pero la principal característica de este personaje oscuro es que existió muchas veces y de distintas maneras. No hay nada sobrenatural en su historia. Es alguien real. Siempre anduvo por ahí. Todos lo conocieron, todos lo vieron pasar por la séptima de aquí para allá sin un peso y pidiendo plata prestada para su pensión. O socializando en galerías, gotereando trago. Todos lo escucharon alguna vez hablar del día cuando mataron a Gaitán, de sus viajes por los paises comunistas, de su poesía y su arte, de sus mutables ideales políticos, de sus sueños de revolución.

Nostalgia 

Un tigre de papel es sobre todo una película nostálgica. «Yo quería hacer una biografía de mi generación,» nos contó Ospina al cierre de la proyección. «Yo quería utilizar este personaje creado por Lucas Ospina, François Bucher, Bernardo Ortiz y Carolina Sanín para contar una historia de muchos.» La historia de un fracaso, yo añadiría. O de la decepción. O de la aceptación de esa decepción.

Por eso son los amigos de Ospina los encargados de contar la historia de Manrique Figueroa. Por eso hablan Mayolo y Alape y Osorio y hasta Andrés Caicedo,  veladamente y desde ultratumba, y luego (como todos) mueren. Yo le dije a Ospina que Arturo Alape había resultado un actor muy convincente. Ospina me respondió que Alape no era un actor, que no estaba actuando, que todos ellos estaban hablando de alguien, alguien que cambiaba de nombre, de cara, de vida, pero que era siempre el mismo. Ninguno mentía.

Mentiras

Cuando empezó la sesión de preguntas, Ospina dijo que él pensaba que en el cine uno mentía y mentía y mentía para poder decir la verdad.

Pinter

“When we look into a mirror we think the image that confronts us is accurate. But move a millimetre and the image changes. We are actually looking at a never-ending range of reflections. But sometimes a writer has to smash the mirror – for it is on the other side of that mirror that the truth stares at us.

I believe that despite the enormous odds which exist, unflinching, unswerving, fierce intellectual determination, as citizens, to define thereal truth of our lives and our societies is a crucial obligation which devolves upon us all. It is in fact mandatory.”

(“Cuando miramos un espejo pensamos que la imagen que nos ofrece es exacta. Pero si te mueves un milímetro la imagen cambia. Ahora mismo, nosotros estamos mirando a un círculo de reflejos sin fin. Pero a veces el escritor tiene que destrozar el espejo – porque es en el otro lado del espejo donde la verdad nos mira a nosotros.

Creo que, a pesar de las enormes dificultades que existen, una firme determinación, inquebrantable, sin vuelta atrás, como ciudadanos, para definer la auténtica verdad de nuestras vidas y nuestras sociedades es una necesidad crucial que nos afecta a todos. Es, de hecho, una obligación.”)

Fuente: http://www.ochoymedio.info/review/602/Un-tigre-de-papel/

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