Comentario sobre “Shirley: Visiones de una realidad. Gustav Deutsch.”

La opción estética y estilística de Gustav Deutsch entraña de entrada riesgos, ya que va dirigida a un público muy reducido,un sector culto de la población mundial que pueda vibrar con la expresión fría y distante  de Hopper, una nueva forma de metafísica  más inquietante que la de Chirico, porque nos afecta mucho más de cerca, y a la que, como se ve, son muy sensibles los pueblos del centro y norte de Europa, sensibilidad  que se materializa en películas como la  del danés Nicolas Winding Refn, Drive, interpretada por Ryan Gosling, y ahora por el austriaco Gustav Deutsch en Shirley: Visions of reality. Jordi Batlle señala con el dedo a  otros cineastas tan distintos como Herbert Ross, que en Dinero caído del cielo reelaboró el admirable Nighthawks, o la hoy ilustre Kathryn Bigelow en su primer largometraje, The loveless, una road movie por una América inequívocamente hopperiana.
Anna Petrus nos recuerda que :” La relación del cine con la pintura ha sido siempre una de las cuestiones más complejas y apasionantes  de la historia del séptimo arte. Desde la referencia de lo visual hasta el deseo de encontrar  una verdadera representación cinematográfrica de lo pictórico, las relaciones entre ambas han interesado a cineastas tan notables como Luchino Visconti, Eric Rohmer, Jean-Marie Straub y Daniele Huillet, Victor Erice, Jim Jarmusch o Jean-Luc Godard entre tantos otros.” (Shirley: Visions of reality. Vive Hopper!. Dirigido por…, Julio/Agosto, 2014)

Hopper

Gustav Deutsch, un cineasta austriaco ya no tan joven, que procede del found footage, no abandona del todo este terreno y, consciente de que el cine es la más joven de todas las expresiones artísticas,en continuo cambio y sometido a la experimentación, consciente de que los procesos son lentos y los avances diferidos en el tiempo, rompe con algunos recursos como el guión y la edición basados en su mayor parte en el juego del plano-contraplano, – ruptura que algunos directores como Franc  Khalfoun  Maniac, (2012); llevan al paroxismo; estableciendo un diálogo entre los actores y su público mediante  una posición frontal que los obliga a mirar  a la cámara, sin pretensiones de crear una realidad alternativa; mediante el uso de instrumentos de las películas científicas para científicos, -cámaras de alta velocidad o cámaras y lentes microscópicos, que sólo se usan en cine comercial para producir trucos visuales -, etc.. En su exposición distingue dos niveles, especialmente en las películas silentes, el matemático y el mítico o poético: “Los niveles poéticos deben ser detectados. Pero en términos de las posibilidades infinitas que mencionaste, sí, aún despiertan mi curiosidad y siempre defino mi trabajo como una investigación sobre la fenomenología del medio. Aprendo mucho de cada película. No podría decir que lo que he aprendido sobre edición, narración, influencia del medio, poder del medio, sea todo lo que puedo aprender. Es algo abierto. Por eso mis películas terminan con la leyenda continuará,

Gustav Deutsch

porque este proceso no tiene fin.”(Raúl Fuentes. Entrevista a Gustav Deutsch. Ambulante, 4 de febrero de 2010).
La dificultad de captar la esencia de la pintura y dotarla de movimiento, propiedad intrínseca del cine, presente en el mismo concepto que lo denomina ( del griego κινή (kiné), que significa movimiento), reside en la naturaleza antitética de ambas manifestaciones de la necesidad de crear del ser humano, que fue constatada con anterioridad por otros realizadores y que el gesto de Deutsch conforma como  la aceptación de una frustración: la que siente la protagonista que durante un amplio periodo de más de treinta años, fue incapaz de aceptar el mundo que le tocó vivir, evitando, según Anna Petrus “caer en la crónica
Es difícil distinguir si estamos ante el pintor o el cineasta.

facilona de los años de la Gran Depresión, el McCarthismo, la Guerra Fría  ola Guerra de Vietnam”, que la mujer repasa desde su propia individualidad, demostrando la imposibilidad de una visión única de los grandes acontecimientos, ya que la historia se va construyendo a partir de ‘la suma de individualidades’ (opus cit.). El propio Deutsch hace alusión al reflejo que esta realidad caleidoscópica  en las redes sociales. La incapacidad de llegar a acuerdos de mínimos va dejando a los individuos frustrados y aparcados en las cunetas, tan hieráticos y fríos como los personajes de Hopper, que habitan espacios en los que reina el vacío.

La crítica ha sido generosa con el film de Deutsch, aunque muchos han considerado que su lugar de exhibición es el museo y no las salas de cine, como Guy Lodge (Variety), Jordi Batlle Caminal (La Vanguardia, Fotogramas), o Andre G. Bermejo (Cinemanía). Jordi Batlle, en La Vanguardia hace este análisis: El polifacético Gustav Deutsch (videoartista, dibujante, arquitecto, músico, fotógrafo, documentalista…) no se inspira en Hopper: se apropia de él, de trece cuadros significativos, brillantemente recreados (decorados, composición, colores, etcétera) a los que da vida y movimiento. No acaba aquí el desafío: encadenados y con un personaje común, con estos trece cuadros pretende contar una parte de la historia de América…(“Shirley: Visiones de la realidad’: Trece cuadros. La Vanguardia).

Nighthawks, Hopper

Javier Ocaña, como siempre, es más duro con quien intenta contaminar el cine con análisis políticos:  “El proyecto es interesantísimo y de una belleza formal deslumbrante. Deslumbrante, pero efímera (…) ya que narrativamente la idea de que las piezas acaben conformando la existencia de una actriz que recita todos sus parlamentos en off no realza el loable experimento técnico, por mucho que el subtexto de la sociedad que coarta sus aspiraciones sea más que cierto. (…)Y aún más discutible es la decisión de encabezar cada fragmento con un noticiario radiofónico en el que se da cuenta de los acontecimientos políticos y sociales de la época en la que está pintado cada cuadro (de 1931 a 1963: comunismo, racismo…), cuando Hopper estaba lejos de ser un artista crítico políticamente y sí un pintor de tormentos interiores, de desasosiego, más simbólico que comprometido.” (Hopper se mueve. Diario ‘El País’, 8 de agosto de 2014).

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