Breve reseña de la película

Por: William Venegas

Sorpresivamente llega a la Sala Garbo una valiosa película surcoreana, aplaudida y admirada allí donde se ha exhibido. Se trata de Ebrio de mujeres y pintura (2002), dirigida por Im Kwon-taek, filme que cumple muy bien con su doble sentido: ser objeto de reflexión y de seducción. Por eso, es largometraje inteligente, enriquecedor con sus diálogos y absolutamente exquisito en el plano estético.

Ebrio de mujeres y pintura (117 minutos) narra la vida de Jang Seung-up, célebre pintor coreano del siglo XIX. No solo es la descripción de su vida, no es una biografía lineal, sino que la película busca entrar a los laberintos de la creación artística y a los dilemas del artista, a sus búsquedas estéticas, o sea, intenta reproducir algo más que una vida. Así, muestra acontecimientos y costumbres de la época, reproduce conceptos sobre la cultura y reflexiona sobre la ética en el arte.

Incluso, el filme entra al análisis de las relaciones entre las distintas manifestaciones artísticas y le da relevancia a la literatura, nutriente de la sabiduría humana. Está claro, no estamos ante un filme del montón, Ebrio de mujeres y pintura exige una actitud inteligente del espectador y una importante sensibilidad para la cultura en general, no solo para el sétimo arte.

A esta película solo le podemos resentir alguna dureza, por decirlo de alguna manera, en el montaje de Park Soon-duk, lo que le quita fluidez narrativa, cuando el relato pudo haberse deslizado de manera más ágil entre la belleza y certeza de sus imágenes, esto último gracias a la fotografía de Jun Il-sung, quien cautiva tanto en su país como fuera de él con sus trabajos.

Para reproducir las obras del pintor Jang Seung-up, fueron contratados renombrados artistas coreanos; con todo, el gobierno permitió que muchos originales del pintor se mostraran en la cinta. No hay duda que esto contribuye a enriquecer la estampa de la película como estructuración de imágenes y relato: es parte de su pulcritud y de sus muchísimas posibilidades antropológicas.

La música funciona como parámetro del contexto, música expresiva y habilidosa para subrayar secuencias emotivas o los momentos contradictorios de la vida del pintor coreano. La música es de Kim Young-dong, compuesta como con pinceles.

El filme muestra la paradoja como hito en la vida del artista: ¿por qué su inspiración brota de su adicción al alcohol o de su gusto erótico por las mujeres? ¿Cómo se conjugan el placer, el tormento emocional y la creación artística? No podemos menos que recomendarles esta película ahora en la Garbo: es exactamente como estar en un estudio para indagar sobre la naturaleza del arte y encontrar el arte de la naturaleza.

Fuente: http://wvw.nacion.com/viva/2006/marzo/15/espectaculos27.html 

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