A PROPÓSITO DE “SEARCHING FOR SUGAR MAN

Por: Ángela Armero

Seguramente soy la última persona del planeta en ver el documentalSearching for Sugar Man”. Me lo había recomendado tanta gente que ya estaba empezando a cansarme del tema y del entusiasmo que suscita, de forma unánime,  y por supuesto, de los espoilers también. Ayer por fin lo vi y puedo decir que hace honor a su estupenda reputación.

Por supuesto sabréis que la premisa es la búsqueda del mítico Rodríguez, músico celebrado como mito mundial en Sudáfrica pero que nadie conoce en el resto del mundo. (Lo escribo así para no fastidiar, por si después de todo aún queda gente por verla.)

La película da que pensar.

Creo que “Searching for Sugarman” es el equivalente de una novela de Corín Tellado para los artistas. Es el cuento de hadas para todo aquel que aspira a ser, de una forma u otra,  creador; pero es mucho mejor que un cuento porque encima es verdad. Actúa como un bálsamo para cualquier artista por consagrar, es una tirita a las heridas inflingidas a nuestro ego a lo largo de los años y de las batallas. Parece decir, “encontraréis el caldero de oro al final del arco iris”, o “tendréis vuestra butaca en el Valhalla junto a los mejores.” Es el contundente “¿Lo veis?” que les dedicaríamos a aquellos que no creyeron en nosotros desde la portada de Rolling Stone.

 

Cualquiera que crea se expone al fracaso. Todos soñamos con poder levantar la espada de Excalibur (ya está bien con los símiles, ¿no? eso mismo pienso yo), pero sabemos que muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.

Parece que mientras escribimos, pintamos, actuamos, cocinamos, bailamos, o componemos música lo hacemos con una única pregunta en la cabeza. ¿Se darán cuenta de mi talento?

Y pasamos la vida encajando negativas o medianías en pos de ese “sí” final en donde nos gustaría vivir para siempre. Existe ese odioso lugar común que no por manido tiene algo de cierto, “el que la sigue la consigue”. Creer firmemente en eso, creerlo al 100%, es tan ingenuo como pensar que existe una media naranja para cada uno de nosotros. Pero si no lo creyéramos… al menos la mayor parte del tiempo… seguramente ya habríamos tirado la toalla.

El talento es exigente, porque solo se valida (aparentemente) cuando uno lo tiene y otro cree que dicho talento existe. Si nadie en nuestro entorno cree que tenemos talento, tácitamente queda claro, aunque no se diga, que no lo tenemos. Y ahí es donde viene la magia de Rodriguez: que afirma que puede uno tenerlo, aunque nadie a su alrededor lo valore como merece. Sugiere que que quizá haya un lejano país donde nos entienden, “nos pillan”, como si nuestra destreza artística fuera un chiste que solo ríen unos pocos privilegiados. Que son ellos los que no se enteran, no nosotros, que compartimos piso con las musas.

Y este es el complicado idilio entre los artistas sin éxito y el público, que varía mucho según el punto de vista.

Si soy yo el que aspira a tener éxito, soy un incomprendido, está clarísimo.

Si tengo un primo que está empeñado en ser cantante y no lo consigue, el pobre no tiene talento.

Así de cruel es. Nos cuesta verlo cuando nosotros intentamos algo, pero no nos cuesta prejuzgar a otros en situaciones parecidas. En cambio, ya puede algo generarnos un rechazo brutal, que si es avalado por crítica o público podemos cambiar nuestra opinión en segundos. Así que el talento, o mejor aún, la opinión que parece legitimar el talento, es algo abstracto, contagioso, cambiante y confuso. Pero sin esa aquiescencia, ese “visto bueno” que da el dinero o el triunfo, un artista es una figura que puede inspirar entusiasmo, pero también lástima. (“Pobre. No sabe que no vale. Antes o después acabará por darse cuenta. Quizá cuando sea viejo y viva entre cartones y pis de rata.”)

Y esto nos lleva a pensar: ¿Qué es el talento sin éxito? ¿Por qué necesariamente tiene que ser un fracaso? Acaso los que tenemos la pulsión de contar historias, ¿tenemos tantas cosas mejores que hacer? ¿Solo lo hacemos por dinero o reconocimiento? ¿O hacerlo porque nos gusta, aunque no consigamos lo que esperamos, no nos da algo de felicidad?

Por supuesto no hay una única respuesta y hay muchas más preguntas que las apuntadas. Hay gente que no se toma sus aspiraciones tan en serio y en vez de arte lo llaman “hobby”. Y eso quizá les hace parecer gente razonable, equilibrada, solo porque no aspiran a grandes cosas o quizá porque no lo admiten, por no dañar sus expectativas o atraer la condescendencia de su entorno.

Creo que la lección de Sugarman es que se puede llevar una vida artistica y coherente sin tener éxito. (Como decía una de sus hijas, “solo porque seas muy pobre no significa que no tengas grandes sueños.”) Al igual que Sixto Rodríguez en su época anónima, podemos tener pinta de rockstars, tocar la guitarra, compartir nuestras creaciones aunque no llenemos estadios ni reventemos las taquillas. Simplemente porque nos gusta y nos ilusiona.

Sixto es la prueba de que se puede ser artista sin el permiso de nadie más de que uno mismo.

Fuente: https://bloguionistas.wordpress.com/2013/07/19/a-proposito-de-searching-for-sugar-man/ 

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