‘Searching for sugar man’, ser de lejanías

Por: Pablo Muñoz

Este documental se centra en la figura del desaparecido y legendario cantante Sixto Rodríguez, con su relato negro que le rodea y la historia de como publicó dos álbumes en los setenta y se convirtió en una suerte de Bob Dylan funky, un cantautor atrevido que encontró el éxito en Sudáfrica, muy lejos de Detroit, la pobre y humilde ciudad de los Estados Unidos que le vio crecer.

Malik Bendjelloul ha ganado un premio de la Academia por su trabajo, impresionante, de escritura y dirección de este emocionante documental. Y es que ‘Searching for sugar man’ (id, 2012) es la mejor película, de lejos, que he visto en mucho tiempo dado que recupera algo que el cine llevaba mucho tiempo olvidando: como contar una historia genuina y bella sin recurrir al sentimentalismo, a las trampas, a los trucos más obvios.

No quiero desvelar la importante sorpresa narrativa que esconde esta sublime película a mitad de su metraje así que hablaremos, también, de quien fue, algún día, Sixto Rodríguez y en quien se convierta, quizás, gracias a este documental y también gracias a la época privilegiada que vivimos respecto al conocimiento. Rodríguez nació en Detroit, la famosa capital del motor, cuna de fábricas y de humildes proletarios estadounidenses y con una economía en tremenda recesión desde los años setenta, se ha terminado convirtiendo en una de las ciudades más pobres y abandonadas de los Estados Unidos.

No se suele hablar de Detroit, ni tampoco de las otras ciudades de otros países que tienen parecidos problemas. Los que viven sin dinero, privados de sus derechos, sin poder alguno pocas veces encuentran su relato. Sixto Rodríguez, hijo de un inmigrante mejicano, se convirtió, en los garitos de esa ciudad, en la clase de rareza musical cuyo éxito, que parecía inminente, no terminó de llegar. Tras publicar dos discos, descubrimos que pasó desaparecibido.

“Porque he perdido mi trabajo / dos semanas antes de navidad / y busqué a Jesús en una alcantarilla / y el Papa dijo que ése no era su jodido asunto”. Oímos la preciosa voz de Rodríguez y oímos una canción que no es solamente sobre él o sobre un deseo. Es sobre la desesperación, es sobre las voces que no dejan de existir aunque dejen de oírse. Su poesía y sus discos son hondos, dotados de la belleza de quien ha encontrado una manera de explicarse a sí mismo y al mundo, a la parte del mundo que le ha tocado ver y entender. Es el mundo en el que “el beso más hermoso que obtuve / es el que nunca he saboreado”.

Este documental examina, a través de una prodigiosa estructura sacada de un relato detectivesco, muchísimas cosas y de modo muy sutil. Para empezar, quien se quedó con los beneficios del éxito amplio de Rodríguez en Sudáfrica y para continuar, cuanto hay de verdad y de leyenda en la mitología que rodeaba al cantautor. A partir de esta búsqueda, el narrador convierte la historia en algo lleno de capas y de matices.: quienes eran los pobres, qué pasa con todos los que no triunfan, y se interroga y también nos interroga a nostros. Nos preguntamos entonces si todas las canciones olvidadas son canciones merecedoras de ese olvido, si somos dueños de las cosas que ya no se recuerdan. Y entonces, vuelve la memoria al espectador y a la pantalla. Y, claro, no parece esta una primera película, tal es su grado de madurez narrativa y sabiduría.

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Porque las canciones no están pensadas para ser de unos pocos, sino para ser de todos y precisamente porque son de todos, está muy bien que las canten todos. Por eso amamos las canciones populares. No, no os hablo de las canciones pop que suenan en la radio y las lanzan discográficas. Os hablo del flamenco y del blues, os hablo del jazz y de los fandangos, os hablo del folk del que Rodríguez fue estrella distante, que ahora, gracias a este conmovedor documental resurge.

Y al final de la película estamos emocionados de verdad. Sabemos que lo que hemos visto es real, existe, no nos viene prometido a través de una ficción, del trabajo magnífico de unos actores, de unos escritores, de unos directores, de unos compositores. Todo lo que hace aquí Malik Bendjelloul es acaso lo imposible.: darnos un trozo de memoria, un buen pedazo de canciones y hacerlas nuestras.

Y como él en su canción, nos preguntamos cosas, como si nunca hubiéramos dejado de saberlas, o de hacerlo. Las mejores canciones son tan contagiosas que de repente uno las habla sin cantarlas. “Me pregunto / sobre el amor que no puedes encontrar / Me pregunto / sobre esa soledad que es mía” canta Rodríguez en uno de los momentos de esta historia asombrosa y real.

Fuente: http://www.blogdecine.com/criticas/searching-for-sugar-man-ser-de-lejanias

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