Análisis de la revista The Cult

Con el paso de los años, Otto et mezzo (Fellini 8 y 1/2) se ha convertido en la película italiana más alabada por la crítica internacional. Elevada por muchos a la categoría de obra maestra, la cinta cuenta con sólidas interpretaciones de Marcello Mastroianni, Anouk Aimée y Sandra Milo.

Ni que decir tiene que su argumento es claramente autobiográfico.

El director de cine Guido Anselmi se encuentra en una crisis. Su productor espera de él una nueva película y Anselmi no tiene idea de lo que va a filmar. De momento, decide hacer una película utópica y hace construir una inmensa rampa de lanzamiento de cohetes. Pero Anselmi tiene también dificultades en su vida privada. Su salud no está bien del todo y por ello se encuentra en un balneario. Además, tiene una relación con la pequeño burguesa Carla, su esposa Luisa le dice la verdad sobre su egoísmo, sus mentiras y su pedantería. Sus imágenes ideales se le esfuman de las manos. Guido se hunde en imágenes de su infancia, en sueños y en pesadillas que se mezclan con la realidad.

Comentarios y referencias

“El personaje de Fellini –escribe Alberto Moravia– es un erotómano, un sádico, un masoquista, un mitómano, un miedoso de la vida, un nostálgico del seno materno, un bufón, un farsante y un liante.

Por eso se parece un poco a Leopold Bloom, el héroe del Ulises de Joyce, que Fellini demuestra en muchos puntos haber leído y meditado”.

Augusto M. Torres, en el libro El cine italiano en 100 películas (Alianza, 1994), señala lo siguiente: “Fellini consigue la fuerza y el apoyo económico necesarios para rodar Ocho y medio, brillante reflexión autobiográfica en torno al personaje de Guido Anselmi (Marcello Mastroianni), un famoso director de cine de cuarenta y tres años que sufre múltiples indecisiones mientras prepara su próxima película. Desde el mismo título, que significa que Fellini ha realizado o codirigido siete largometrajes y dos episodios de otros dos, se advierte que 8 1/2 es un relato autobiográfico, una reflexión sobre el cine hecha a través de una película.

La acción transcurre en un balneario, entre personas que toman las aguas y diferentes mujeres, donde Guido se ha retirado con su guionista y su equipo de producción para poner a punto su próxima película. Discute con el guionista, intercambia impresiones con varios miembros del equipo de producción, se enfrenta con recuerdos y aparece rodeado de su amante Carla (Sandra Milo), su mujer Luisa (Anouk Aimée), la encarnación de la pureza a través de Claudia (Claudia Cardinale) y algunas otras.

8 1/2 comienza con una pesadilla. Durante un atasco, Guido está encerrado en su automóvil en el interior de un túnel. Más tarde sueña con sus padres en un extraño cementerio. Las palabras mágicas Asa-Nisi-Masa, que adivina un viejo mago que actúa en el balneario, le conducen a su infancia. (…) El paso del tiempo no le ha sentado bien a 8 1/2, sobre todo porque después Fellini se ha limitado, con más o menos variantes, a repetir la misma fórmula, cada vez más desdramatizada, a lo largo del resto de su obra, apoyándose en su gran capacidad para crear brillantes imágenes en estudio a los acordes de unas similares músicas de Nino Rota“.

Leemos la siguiente semblanza escrita por Gian Piero Brunetta: “Nací, vine a Roma, me casé y entré en Cinecittà. No hay nada más. En efecto, la biografía de Fellini es muy sencilla y, a partir de un cierto momento, coincide casi perfectamente con la realización de su obra.

(…) El operador Ubaldo Arata contaba indignado que Fellini, ayudante de dirección de Rossellini, ponía ‘la cámara a la altura de la joroba’, lo que rompía el punto de vista clásico.

Para Fellini, el ver está ligado al sentido etimológico del ‘mirar’ y del ‘mostrar’, que adopta ante las cosas una especie de estupor primitivo.

Cada vez que le ocurrre el ver algo que no ha visto antes la visión tiene para él un valor de ‘milagro’ De repente, como un prestidigitador, hace nacer una historia de una visión personal.

Cada tema, figura, personaje, motivo comienza a fermentar y a vincular la memoria autobiográfica con la memoria colectiva.

(…) En compañía de Flaiano, Guerra, Zapponi… realiza una serie de obras que dan vida a fantasmas recurrentes y obsesivos que, en un primer momento, con Otto e mezzo, se liberan hacia lo alto y después asumen, poco a poco, funciones inferiores y parecen transmitir mensajes cada vez más contagiados de muerte.

De La dolce vita en adelante, Fellini defiende su integridad creativa y la integridad de su mundo con todos los medios a su alcance, lo que le cuesta momentos de crisis y de pérdida de energía.

Obra abierta, obra dentro de la obra, Otto e mezzo trata de registrar, desde el interior del flujo creativo, la complejidad, el misterio, las crisis, la impotencia y la potencia del hacer artístico mediante los signos de multitud de ángeles custodios culturales y artísticos.

(…) Fellini entra en su obra, no mueve a los personajes desde fuera, como Visconti: en cada película parece que una parte de su energía vital atravesara la pantalla”.

Fuente: http://www.thecult.es/cine-clasico/ocho-y-medio-federico-fellini-1963.html

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