Sobre el director. “Federico Fellini o La invención de la memoria La reinvención del tiempo perdido”

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¿Cómo se hace para contar cosas que existen realmente? Me siento mejor inventando. La Rímini real, aquella en la que viví los años de la infancia y de la adolescencia, se confunde con la otra, imaginada, recreada, reconstruida en mis películas en Cinecittà o en la parte vieja de Viterbo y en Ostia. Los dos recuerdos se traslapan y no logro ya diferenciarlos.
—Federico Fellini, Les cuento de mí. Conversaciones con Costanzo Costantini…..

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Análisis de la revista The Cult

Con el paso de los años, Otto et mezzo (Fellini 8 y 1/2) se ha convertido en la película italiana más alabada por la crítica internacional. Elevada por muchos a la categoría de obra maestra, la cinta cuenta con sólidas interpretaciones de Marcello Mastroianni, Anouk Aimée y Sandra Milo.

Ni que decir tiene que su argumento es claramente autobiográfico.

El director de cine Guido Anselmi se encuentra en una crisis. Su productor espera de él una nueva película y Anselmi no tiene idea de lo que va a filmar. De momento, decide hacer una película utópica y hace construir una inmensa rampa de lanzamiento de cohetes. Pero Anselmi tiene también dificultades en su vida privada. Su salud no está bien del todo y por ello se encuentra en un balneario. Además, tiene una relación con la pequeño burguesa Carla, su esposa Luisa le dice la verdad sobre su egoísmo, sus mentiras y su pedantería. Sus imágenes ideales se le esfuman de las manos. Guido se hunde en imágenes de su infancia, en sueños y en pesadillas que se mezclan con la realidad.

Comentarios y referencias

“El personaje de Fellini –escribe Alberto Moravia– es un erotómano, un sádico, un masoquista, un mitómano, un miedoso de la vida, un nostálgico del seno materno, un bufón, un farsante y un liante.

Por eso se parece un poco a Leopold Bloom, el héroe del Ulises de Joyce, que Fellini demuestra en muchos puntos haber leído y meditado”.

Augusto M. Torres, en el libro El cine italiano en 100 películas (Alianza, 1994), señala lo siguiente: “Fellini consigue la fuerza y el apoyo económico necesarios para rodar Ocho y medio, brillante reflexión autobiográfica en torno al personaje de Guido Anselmi (Marcello Mastroianni), un famoso director de cine de cuarenta y tres años que sufre múltiples indecisiones mientras prepara su próxima película. Desde el mismo título, que significa que Fellini ha realizado o codirigido siete largometrajes y dos episodios de otros dos, se advierte que 8 1/2 es un relato autobiográfico, una reflexión sobre el cine hecha a través de una película.

La acción transcurre en un balneario, entre personas que toman las aguas y diferentes mujeres, donde Guido se ha retirado con su guionista y su equipo de producción para poner a punto su próxima película. Discute con el guionista, intercambia impresiones con varios miembros del equipo de producción, se enfrenta con recuerdos y aparece rodeado de su amante Carla (Sandra Milo), su mujer Luisa (Anouk Aimée), la encarnación de la pureza a través de Claudia (Claudia Cardinale) y algunas otras.

8 1/2 comienza con una pesadilla. Durante un atasco, Guido está encerrado en su automóvil en el interior de un túnel. Más tarde sueña con sus padres en un extraño cementerio. Las palabras mágicas Asa-Nisi-Masa, que adivina un viejo mago que actúa en el balneario, le conducen a su infancia. (…) El paso del tiempo no le ha sentado bien a 8 1/2, sobre todo porque después Fellini se ha limitado, con más o menos variantes, a repetir la misma fórmula, cada vez más desdramatizada, a lo largo del resto de su obra, apoyándose en su gran capacidad para crear brillantes imágenes en estudio a los acordes de unas similares músicas de Nino Rota“.

Leemos la siguiente semblanza escrita por Gian Piero Brunetta: “Nací, vine a Roma, me casé y entré en Cinecittà. No hay nada más. En efecto, la biografía de Fellini es muy sencilla y, a partir de un cierto momento, coincide casi perfectamente con la realización de su obra.

(…) El operador Ubaldo Arata contaba indignado que Fellini, ayudante de dirección de Rossellini, ponía ‘la cámara a la altura de la joroba’, lo que rompía el punto de vista clásico.

Para Fellini, el ver está ligado al sentido etimológico del ‘mirar’ y del ‘mostrar’, que adopta ante las cosas una especie de estupor primitivo.

Cada vez que le ocurrre el ver algo que no ha visto antes la visión tiene para él un valor de ‘milagro’ De repente, como un prestidigitador, hace nacer una historia de una visión personal.

Cada tema, figura, personaje, motivo comienza a fermentar y a vincular la memoria autobiográfica con la memoria colectiva.

(…) En compañía de Flaiano, Guerra, Zapponi… realiza una serie de obras que dan vida a fantasmas recurrentes y obsesivos que, en un primer momento, con Otto e mezzo, se liberan hacia lo alto y después asumen, poco a poco, funciones inferiores y parecen transmitir mensajes cada vez más contagiados de muerte.

De La dolce vita en adelante, Fellini defiende su integridad creativa y la integridad de su mundo con todos los medios a su alcance, lo que le cuesta momentos de crisis y de pérdida de energía.

Obra abierta, obra dentro de la obra, Otto e mezzo trata de registrar, desde el interior del flujo creativo, la complejidad, el misterio, las crisis, la impotencia y la potencia del hacer artístico mediante los signos de multitud de ángeles custodios culturales y artísticos.

(…) Fellini entra en su obra, no mueve a los personajes desde fuera, como Visconti: en cada película parece que una parte de su energía vital atravesara la pantalla”.

Fuente: http://www.thecult.es/cine-clasico/ocho-y-medio-federico-fellini-1963.html

Fellini,8 1/2: Reseña de la película

Queridas mías. La felicidad consiste en ser capaz de decir la verdad sin herir a nadie”.

Guido Anselmi (Marcello Mastroianni) es un afamado director de cine inmerso en una profunda crisis vital y creativa. Para preparar su próxima película, decide hospedarse en un balneario en busca de tranquilidad e inspiración; sin embargo, ni siquiera allí las encuentra.

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El cine, como el resto de artes, se alimenta de la vida, pero en ningún caso debe suplirla. Otto e mezzo es uno de los mejores y más personales trabajos de Federico Fellini. Un verdadero acto de liberación artística frente a las exigencias que todo proceso creativo requiere. A través del personaje de Guido Anselmi, álter ego del propio cineasta encarnado en la elegante figura de Marcello Mastroianni, el autor de Amarcord exorciza sus temores pasados, presentes y futuros, entre ellos su conciencia católica, en un ejercicio de absoluta libertad creativa.

En los sueños, las fantasías y los recuerdos de infancia se entremezclan sin previo aviso y de modo surrealista. Lo mismo vemos a Mastroianni hablando con su difunto padre que fustigando con fiereza a las féminas de su atestado harén con el objetivo de hacer respetar su autoridad. Todo es posible, incluso ver al actor italiano convertido en una especie de cometa que termina estrellándose contra el mar. Imaginería felliniana en estado puro.

El filme se abre con una claustrofóbica secuencia onírica en la que Guido aparece atrapado dentro de su automóvil en medio de un gran atasco. Ingeniosa metáfora para reflejar el estado de ánimo en el que se encuentra. De ahí nos trasladamos al interior del balneario, lugar elegido por el protagonista para obtener paz. Su productor, su amante, sus amigos, su esposa, sus actrices o un crítico intelectual con quien conversa a menudo, se encargarán de que no lo consiga.

La concepción de la puesta en escena resulta brillantísima, mostrando cierto regusto por los claroscuros, los espacios amplios y las composiciones alambicadas. Visualmente hablando, la película es una auténtica gozada.

La cinta se cierra con un espectáculo circense que aglomera a todos los personajes que hasta entonces han ido apareciendo. Broche perfecto para Fellini, que siempre fue un bufón, un payaso, en el sentido artístico de la palabra, capaz de rozar la trascendencia sin obviar su condición humana.

Fuente: http://johannes-esculpiendoeltiempo.blogspot.com.co/2013/07/fellini-ocho-y-medio-8-1963-de-federico.html

Tráiler, Créditos e Información General

Tráiler:

 

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Directora: Chris Kraus

Producción: Alemania (2006), 112 min.

Sinopsis: 

Una anciana pianista, que da clases de música en una cárcel alemana, descubre el talento de Jenny, una joven y conflictiva presa de 21 años, y decide presentarla a un certamen musical para jóvenes intérpretes. Para lograr el primer premio, las dos mujeres, absolutamente opuestas en apariencia, se verán obligadas a trabajar en equipo, a aprender a conocerse y a respetarse… (FILMAFFINITY)

FICHA COMPLETA…

¿Quién es Chris Kraus?

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Breve biografía

Chris Kraus nació en Gotinga en 1963. Tras haber trabajado como periodista e ilustrador, estudió en la Academia alemana de Cine y Televisión desde 1991 a 1998, donde actualmente ejerce como docente. Desde hace diez años, Chris Kraus goza de una excelente reputación como guionista. Designado candidato en dos ocasiones al premio alemán al guión, con Cuatro minutos ha obtenido el Premio al Mejor Guión del estado federal de Baden-Württemberg y el Premio alemán para el Desarrollo Cinematográfico al Mejor Guión por su ópera prima Shattered Glass en 2002. Kraus también se ha adjudicado varios premios como director, como el Premio del Cine Bávaro en 2003…

 

El director Chris Kraus nos dedica “Cuatro minutos” y más

Por: Pablo de Santiago

Cuatro minutos es el gran éxito de este año del cine alemán. Un duro drama carcelario sobre una reclusa conflictiva y su profesora de piano. Entrevistamos a su director, Chris Kraus.

¿Cómo surgió la idea de la película?

Vi la foto de una profesora de piano de Berlín que llevaba sesenta años dando clase en una cárcel. Entonces me pregunté por qué lo hacía. Desde entonces la película ha pasado por un largo proceso. En 1998 vi la foto y un año después tenía el guión. Desde que vi la foto tardé unas semanas en decidirme a narrar la historia. Y luego desarrollé otro personaje, el de Jenny, basado también en un artículo de un periódico.

Los últimos mejores films alemanes –La vida de los otros, Sophie Scholl: los últimos días, El hundimiento– son historias muy serias, sobre la opresión, generalmente en torno al la Segunda Mundial y sus consecuencias. ¿Su película reúne también estos elementos de modo buscado, consciente?

Yo creo que muchas de las historias tienen que ver con la opresión, porque en cualquier historia hay un protagonista y un antagonista. En una historia que tiene que ver con la realidad, el antagonista también tiene que proceder de la realidad. En mi caso no se trata de una película histórica, sino que el personaje que he encontrado y la fascinación que me ha aportado ese personaje tiene que ver con el hecho de que esa persona ha vivido varios sistemas, varios regímenes, pero sigue siendo la misma. Y eso es muy típico en Alemania. Si alguien está dando clase en la cárcel desde 1943 necesariamente esa persona ha tenido experiencias que yo no he vivido y si haces una película en Alemania de este tipo, a la fuerza tienes que volver a hablar de sistemas de opresión, ya sean comunistas o fascistas. De todas formas, también hay un cierto cansancio entre el público. Pero una película se impone a pesar del tema y no por el tema.

¿Qué opina de la pujanza del último cine de su país?

La respuesta puede ser muy amplia. Cuando yo era joven, hace 25 años, había una gran explosión del cine alemán. Estaban Herzog, Fassbinder, Wenders, Scholondorff, etc., y después durante veinte años no hubo nada. Y ahora nadie sabe por qué hay actualmente ese boom. Yo creo que hay tres razones: en los últimos diez años el estado ha intervenido muchísimo dinero en la formación de cineastas. Tenemos siete escuelas estatales de cine en Alemania, la mitad de todas las escuelas de cine que hay en Europa. Eso es increíble. Hay muchos jóvenes directores con gran talento, y hay una fuerte competencia. Nosotros tenemos un presupuesto de 220 millones de euros anuales para hacer cine, y eso hablando sólo de presupuestos regionales, a los que hay que sumar 110 millones estatales. Además, el éxito también tiene que ver con el interés que hay ahora en el público alemán por ver películas alemanas. Esto empezó hace cuatro o cinco años, cuando los primeros licenciados en las escuelas empezaron a hacer películas de éxito. Ahora estamos de moda, pero en algún momento vamos a dejar de estarlo, aunque esperemos que este boom se mantenga. El año pasado conseguimos un 25% de público en películas alemanas. En España creo que las españolas sólo tienen un 10%, cosa que es muy lamentable, por cierto. Y además, en Alemania, el éxito de nuestro cine ha hecho que también aumente la cuota de espectadores de películas europeas, francesas, españolas, etc. Pero no sabemos si esa tendencia va a continuar o no.

¿No cree que Traude y Jenny trasmiten una visión un poco trágica de la vida? Solo hay un momento en que sonríen…

Yo no lo veo así. Lo importante es la búsqueda de los personajes. A mí lo que me une a Jenny es que entiendo muy bien cómo puede convertirse en una persona tan desconfiada. Sufre el síntoma de “borderline” y una de las características de su estado es la desconfianza constante. Por ejemplo, si alguien dice “os invito a España”, eso también quiere decir “tenéis que trabajar para mí”. Si yo fuera un enfermo estaría aquí con un bate de béisbol diciendo que por qué no me habían dicho que yo venía aquí a trabajar. Ése es el problema que tiene Jenny. Una persona así no siente la alegría, porque ésta también oculta algo.

También creo que hay humor en la película en distintos momentos, aunque no esté en las protagonistas. Por ejemplo está en el personaje de Mütze o en las escenas de la reverencia de la niña. Nosotros sabíamos que la risa era importante y ésa fue la escena más difícil, ya que Hannah notaba por instinto que iba en contra de su personaje, y era difícil encajarlo. A mí lo trágico no me gusta, pero me parecía el tono adecuado. Pero tampoco creo que no haya esperanza al final. La hay, aunque sólo sea por un momento.

La puesta en escena es muy sobria, un tono fotográfico gris, acorde con los personajes, y todo cambia durante esos cuatro minutos.

Sí, queríamos hacer un corte. Queríamos cambiar el ritmo, y por supuesto modificar el montaje. Pero no teníamos mucho presupuesto. Esos últimos minutos fueron muy caros de rodar. De todas formas creo que la fotografía de toda la película fue muy laboriosa y en cuanto al momento final no es que buscáramos directamente cambiar tanto la técnica, pero teníamos tantísimo material rodado para los últimos minutos como para toda una hora de la otra parte de la película. Y fue enormemente laborioso hacer el montaje.

¿Qué significado tiene la reverencia que hace Jenny? ¿Es una burla, un reconocimiento, ambas cosas?

Quería mostrar que ella se sentía cercana a esa mujer. Y para que se viera esa cercanía elegí algo que a ella no le gustaba hacer porque Jenny nunca hace algo en toda la película que no quiera hacer. Eso es todo, muestra cercanía haciendo algo que no le gusta. Porque ella ha sabido imponer su voluntad con su música, y la reverencia también la hace voluntariamente.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Estoy preparando una película que se llama Paul. Será una drama, aunque quiero que tenga momentos de humor.

Análisis de la película “Quisiera hablar de la película Cuatro Minutos de Chris Kraus”

Por: Susana Arroyo-Furphy

Hannah Herzsprung. Hay que recordar este nombre pues puedo asegurar que se trata de una actriz excepcional que llegará a ser una clásica.

La película CUATRO MINUTOS (2006), de Chris Kraus, termina con una ejecución en piano sin precedentes, la cual solamente podía durar 4 minutos ya que se trataba de una competencia. Expresado de tal modo, el extraordinario filme alemán pierde toda su magnificencia; pero, lo siento, creo que debo reconsiderar lo anteriormente expuesto…

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Sitio dedicado a la difusión de la Cátedra de Cine Ciudad Abierta, programa académico y de extensión de la ciudad de Medellín.